Por Pilar Alberdi
Fotos: NASA (free)
Alguna vez quiero oír la canción
Hermoso Ohío, y conocer su letra en español para saber lo que dice. Bradbury la cita en los relatos de
Crónicas Marcianas y también en el cuento titulado
La bruja de abril de la antología
Las doradas manzanas del sol. ¿Qué significado tenía esa canción para él? ¿Acaso era el encanto de su melodía? ¿Tal vez el recuerdo de lo que sucedía la primera vez que la oyó?
Dicen que el escritor se escribe a sí mismo. Tal vez sea así. Habla de lo que quiere oír, de aquello que quiere afirmar, de lo que piensa otros no están diciendo, o de lo que cree él también tiene algo que decir. Releyendo a este autor una siente que ese mundo siempre dispuesto a desbocarse en una guerra, tiene hombres, mujeres, jóvenes y niños sensatos. Es verdad que hay de todo, pero hay gente buena en sus relatos. Bradbury resulta un escritor amable, y aún así lo dice todo. Habló hacia 1949 de los problemas raciales de su país, pero nadie le aceptó el cuento El otro pie que acabaron publicándoselo en París. Es un cuento muy fuerte. En un cuaderno tengo apuntado que después de leer ese relato hay que tomarse un descanso... Otro cuento con este tema es
El gran juego negro y blanco donde logra explicar como la admiración sobre los cuerpos y la alegría ajena de los más pobres y desposeídos, también puede convertirse en envidia para los más ricos. Se trata de un simple partido de beisbol entre blancos y negros, pero la frase final remata el cuento: «¿No sería terrible que ganasen ellos?» . «Son capaces, ¿sabe usted? Son capaces»

Me gustan sus metáforas. A las de Bradbury me refiero. Me gusta esa luz de un faro que barre el mar como si fuera la cola de un animal. Me gusta ese «contribuyente» que justificando el pago de impuestos, exige que lo lleven a la luna. Hemos visto algunos nuevos ricos paseándose por el espacio últimamente... También son “contribuyentes”... Otra variedad.
Me gusta la poesía de Bradbury. Le permite afirmar que unas campanas doradas duermen en el interior de un campanario. ¡Qué belleza la del relato
El ancho mundo allá lejos en donde una mujer baja todos los días a buscar el correo y comenta como si las hubiera leído las cartas con su vecina que es analfabeta, lo que hace que comience a tener sentimientos de inferioridad mientras crece en su interior el deseo de aprender a escribir y a leer. En ese momento llega de visita un sobrino que sabe escribir. La mujer quiere recibir cartas, sentir lo que siente su vecina. Escriben solicitando folletos de propaganda, cualquier cosa con tal de recibir una primera carta. Y el día que llega el cartero que pasa en un carro, la mujer se da cuenta de que nunca antes lo había visto. ¿Y entonces la cartas que recibía la vecina de quién eran, cómo llegaban al buzón? Esos son los cuentos de Bradbury. Así nos enteramos que la vecina tenía un par de cartas que volvía a poner una y otra vez en el buzón y también nos enteramos de que no sabía leer. Y es un cuento que no sabemos si es ci fi, pero nos da igual. Al menos, a mi me da igual. Es fantástico y nos toca el alma.
¡Qué a gusto canturrean las mujeres de Bradbury en las cocinas! ¡Qué contenidos son los personajes masculinos en sus emociones! ¡Qué bien relata los preparativos para la guerra, el trabajo en las fábricas, el avance de una técnica que no se sabe si ayudará o destruirá a la humanidad!
Bradbury estira el relato a fuerza de sucesivos y pequeños climax, hasta que llega el último. Yo no escribo los relatos de ese modo y quizá por eso me llaman la atención.
Dick comienza muchos de sus relatos con una discusión. Generalmente se trata de matrimonios. Por ejemplo, en el relato
Sobre manzanas marchitas. También en
Humano es. Y en
La maqueta. Dick como Bradbury se hizo eco de los problemas causados por la segregación racial.
En algunas de las notas a sus cuentos habla de los niños. De lo fácil que es dañarlos. En algunas de las notas a estos cuentos indica considera que son más sabios que los adultos, y aclara “vaya, he estado a punto de escribir, más sabios que los humanos”. ¡Divina ironía! En otro apartado dice: “como toda raza sometida, se les ha enseñado a obedecer”.Y en
Humano es hace una declaración de principios, al afirmar que no es el aspecto ni el planeta donde has nacido lo que importa sino la bondad. «La bondad —afirma— nos distingue de las rocas, los palos, el metal; y así será siempre». A Dick le preocupaba esta «sociedad uniforme», la guerra, la destrucción del mundo. Un tema muy importante para él en su obra es descubrir quién es humano y quien lo aparenta. E incluso lo hace cuando se trata de robots, quién es el verdadero, quién el que lo parece.
Asimov igual que Dick se acerca a los temas manteniéndose alejado, frío... Quizá lo era o, al menos, era su forma de enfrentarse al mundo. De poner distancia. Afirma en sus
Memorias (me refiero a las última, no a las dos anteriores) que no le gustaban los niños. Sin entrar en su vida privada y familiar, estas memorias abundan en detalles que explicarían su manera de ser así como su obsesión por escribir más y más obras, llegando a cuantificar como propias, incluso, las que sólo había antologado. Inflado de una vanidad de la que él mismo acabó riéndose, era parte de su manera de ser, de su defensa. Pese a eso tiene algún cuento con niños que es muy bueno. Y con el tiempo llegó a afirmar que lo importante de escribir era el proceso, algo que cualquier escritor que disfrute escribiendo, lo corroboraría. Igual que Stephen King se quejó de no ser sido considerado buen escritor por la crítica especializada. Con el correr de los años llegó a considerar las críticas adversas a sus libros como propaganda. A fin de cuentas, decía, no era lo ideal, él prefería la crítica buena, pero servían para resaltar la obra.
Sobre plagios, él mismo admite que ha plagiado, inconscientemente, y pone el ejemplo de su relato
Anochecer sobre el cuento
Antes de la edad de oro de Jack Williamson. Y
Lest We Remember sobre
Algernon de Daniel Keyes. También indica que
Fundación tiene mucho de Historia de la decadencia y ruina del imperio romano de Edward Gibbon. Yo encuentro un gran parecido temático en
Los nueve mil millones de nombres de Dios de Arthur C. Clark y
La última pregunta de Isaac Asimov, pero no sé cuál fue escrito primero. Incluso Asimov, tiene otro cuento ya citado,
Anochecer que va sobre el mismo tema, la llegada de la oscuridad total a la tierra cuando se apagan las estrellas. Y dentro de estos parecidos también podríamos añadir
El gran apagón de Bradbury. Y así, muchos más seguramente.
Hablando de parecidos quizá el más actual sea el del guión de la película
Avatar con el cuento
Llámame Joe de Poul Anderson, donde un avatar al que se ha preparado para vivir en otro planeta, es azul grisaceo, y lo dirige una persona paralítica, que revive a través de este ser, la movilidad y ciertas emociones que ha perdido. Y ¿esas montañas islas flotantes? ¿No nos recuerdan un cuadro de Magritt?
Volviendo a Asimov, me gustaría citar un cuento suyo sobre la condición de ser mujer. Cuando una editora le criticó que no hiciera robots mujeres, en el sentido de que tuviesen un parecido mental con éstas, escribió o, al menos publicó un relato titulado
Intuición Femenina. Cualquier mujer actual se sentirá representada en ese cuento en el que las mujeres parece que siempre tienen que demostrar más para ser valoradas en igualdad de condiciones con los hombres, especialmente, en el ámbito laboral.
Orson Scott Card. Me gustó en su día
El juego de Ender , pese a que algunos dicen que es puro diálogo. Pero no me agradan los cuentos que nos van ofreciendo de este autor. No me llenan en la primera lectura aunque no dejo de recordarlos con el paso de los días con lo cual, de algún modo, me llegan hondamente. Y debo reconocerlo.
Quiero hacer una referencia especial a una autora que escribió bajo seudónimo masculino: Alice Sheldon y a su cuento «Amor es el plan, el plan es la muerte». Firmó la autoría bajo el nombre y apellido de James Tiptree, Jr. También utilizaba otro seudónimo. Este relato fue Mejor relato corto, de los premios Nebula de 1973. ¿Es ciencia ficción? No lo sé. Para mí es fantasía como puede serlo el relato
Los osos descubren el fuego de Terry Bisson. Sólo que el cuento de Alice Sheldon, es demoledor, aplastante. Un gran cuento. De los que no se olvidan.
También hay por ahí otro relato de J. R R Martín,
Los reyes de la arena, que logra impactarme con cada nueva lectura pese a que conozco el argumento. Y es que tiene fuerza el autor de
Juegos de Tronos.
Sin duda, la ciencia ficción pese a las variaciones con las que se la ha intentado definir, es sólo esto: unas personas llamadas autores, unas formas de entender y de explicar el mundo en el que viven desde su propia experiencia personal y social.
Referencias: Los Cuentos Completos de Asimov (volúmenes I y II), más la
Selección de Premios Nébula los podrán encontrar en Ediciones B. Los libros de relatos de Orson Scott Card,
El ahorcado y
Milagros crueles, también están en la anterior editorial. La antología de relatos de Dick (volúmenes I-V)en Minotauro de Planeta.Lo mismo para
Las doradas manzanas del sol y
El hombre ilustrado de Bradbury.