viernes 16 de marzo de 2012

REVISTA DIGITAL miNATURA 117




Descarga gratuita de la Revista Digital miNatura 117, Licantropia y otras transformaciones, en el siguiente enlace.

Próxima convocatoria: El día que abandonemos la tierra. Fecha límite de recepción de trabajos hasta el 25 de abril.

jueves 15 de marzo de 2012

ME ENTREVISTÓ PAT CASALÀ



La joven escritora Pat Casalà que viene realizando una serie de entrevistas a escritores, ha tenido la amabilidad de incluirme entre sus nuevos entrevistados. Los temas de los que hemos hablado tienen que ver con la vocación de ser escritores, nuestras obras, y las nuevas posibilidades que ofrece la edición digital de los libros.
Pat Casalà edita el blog La aventura de crear mundos paralelos, y se encuentra en estos momentos preparando la edición de una de sus novelas, El secreto de las cuartetass, en ebook.
Les dejo el enlace a la entrevista en su blog La aventura de crear mundos paralelos.

jueves 8 de marzo de 2012

PIERCING de Ryu Murakami



Reseña: Pilar Alberdi

«Una pequeña criatura viviente durmiendo en su cuna. Como un animal de laboratorio de una jaula, pensó Kaawashima Masayuki».

Piercing de Ryu Murakami contiene en sus páginas un supenso tenso a causa de la posibilidad de que un padre mate a su hija, un bebé de cuatro meses.
Si bien en principio los personajes principales son Kawashima, su esposa Yoko y la niña de nombre Rie, poco a poco, aparecerán personajes del pasado en la vida de Kawashima y también del inmediato futuro.
Es una novela, nada gore, pero la promesa de todo lo que puede ocurrir, resulta dramática. Y se percibe en las propias palabras: «Apagó la lamparilla un momento y estudio el pálido rayo de luna que penetraba a través de una abertura en las cortinas. La estrecha franja de luz llegaba hasta la mitad de la cuna, rasgando la manta rosa de la niña y el bolsillo del pijama de pana de Kawashima». Esos detalles que, generalmente, pasan desapercibidos al lector son los que van creando el ambiente antes de que nada realmente ocurra, como es el caso de esa luz que «rasga» la manta rosa de la niña y el bolsillo del pijama de pana...
Creo que si quisiéramos leer un libro sobre el maltrato infantil y sus consecuencias, este sería el que yo recomendaría si la persona que fuese a leerlo lo soportase. Aquí está muy claro todo, el inmenso deseo de los niños de ser amados por sus padres, a cambio de lo cual soportan el maltrato hasta que alguien, un profesor, un pariente, un vecino pone una denuncia. Comprendemos qué es esa rabia sin control que surge en algunos individuos y les lleva a actuar con violencia; también la desesperación que supone las despersonalización que les hace perder los contornos de su propia identidad frente a lo que les rodea. Los recursos a los que apelan para intentar vencer la ansiedad que les supone un pensamiento reiterativo con respecto a un acto violento que temen puedan llegar a hacer: «La tormenta mental y emocional del viejo ciclo de ansiedad incapacidad para soportar la soledad, querer compañía pero ponerse nervioso cuando alguien se aproxima ―el miedo a que si se acercan un poco más no sabe que va a ocurrir, hasta que el propio miedo se vuelve insoportable y la soledad parece ser la única solución― parecía estarse convirtiendo en algo del pasado».
En resumen, esta obra nos devuelve a la manera de un espejo el trasfondo oscuro de la sociedad, aquello que queda oculto para los demás y que sólo aparece en las noticias de sucesos de los periódicos o escuchan los psicólogos y psiquiatras en sus consultas cuando los problemas ya han llegado a un punto difícil.
Además tendremos ocasión de ver qué ocurre cuando una personalidad de este tipo se encuentra con otras similares.
Pero lo perturbador no es que esta historia forme parte de una novela, sino que es parte de nuestras sociedades, en las que no faltan niños dañados y adultos trastornados en una cadena transgeneracional que no tiene límite si alguien no le pone a tiempo remedio.

Sinopsis

Kawashima Masayuki está casado con Yoko, tienen una hija de cuatro meses, trabajos estables, pan cocinado en casa: felices. Pero éste es un libro de Ryu Murakami, experto en exponer las inmundicias del mejor de los mundos posibles. Kawashima contempla dormir a su bebé cada noche. Y todas las noches se convence de que no la apuñalará. No a su hija.

El autor:

Ryunosuke Murakami nació en Sasebo, Nagasaki, en 1959. Entre sus novelas: Azul casi transparente (1976), Sopa de miso (1998), Los chicos de las taquillas que también está publicada en la colección Precursores de esta editorial. Les recomiendo ver su catálago a través del siguiente enlace a Ediciones Escalera.

LEYENDO



Blog del autor
Enlace a Amazon

martes 6 de marzo de 2012

ED. SACO DE HUESOS:ANTOLOGÍA Y CONCURSO.



CALABAZAS EN EL TRASTERO: ESPECIAL BARKER


Con motivo de la celebración de las jornadas Liter Imaginarios en Huesca, que tendrán lugar los días 23, 24 y 25 de marzo y estarán centradas en la obra y la vida de Clive Barker, Saco de huesos y La Biblioteca Fosca va a publicar un número especial de Calabazas en el Trastero: el Especial Barker.

La antología estará compuesta por los siguientes relatos:

El discípulo (Ángel Luis Sucasas)
El Imperio del Deseo (Andrés Abel)
El Show de Medianoche (Enrique Luque de Gregorio)
Intercambio (José Miguel Vilar-Bou)
Junior Cabezacruda (Curro Esteves)
La fuga (Fernando Lafuente)
La inspiración de El Escritor (Miguel Martín Cruz)
Los cuentos del Hombre Polilla (Juan José Hidalgo Díaz)
Los suplicantes del lamento (Rubén Serrano)
Mutación (Miguel Aguerralde)
Segunda oportunidad (Gema del Prado Marugán)
Una cabeza en las nubes (Javier Fernández Bilbao)
Weltschmerz (Crocop)

La portada corre a cargo de Nogales y el prólogo, cortesía de Nocte, es de Ángel Villán.

La antología se presentará durante las jornadas Liter Imaginarios. Espero que la disfrutéis.


XII CONVOCATORIA CALABAZAS EN EL TRASTERO: HORROR CÓSMICO

Con el objeto de fomentar la literatura fosca, en su deseo por homenajear a la desaparecida revista Miasma, la Biblioteca Fosca anuncia la XII Convocatoria Calabazas en el trastero.
1. Podrán presentarse a la misma cualesquiera autores que envíen obras originales en castellano y sin sus derechos comprometidos con terceros. Los autores podrán enviar cuantas obras deseen.
2. Las obras deberán encuadrarse dentro del género fosco en cualquiera de sus vertientes, es decir, que estará presente un ambiente siniestro, un cierto suspense, un aura de terror u otros elementos naturales o sobrenaturales que creen una atmósfera de temor.
3. El tema concreto de esta convocatoria será el Horror cósmico, entendiéndose por este esa sensación de vértigo que surge al constatar que el ser humano es insignificante en el conjunto del universo, un mero accidente que será barrido por fuerzas alienígenas que lo sobrepasan largamente.
4. Los relatos tendrán una extensión de entre 1000 y 5000 palabras. Esta limitación se entiende orientativa, no estricta, pero sí recomendable.
5. Las obras se enviarán, bajo pseudónimo o nombre real, a calabazas@bibliotecafosca.es con el asunto "Para la antología Calabazas en el trastero: Horror cósmico". Al mensaje se adjuntará un breve currículum literario o biografía de no más de 500 palabras que sirva de presentación del autor. Los relatos irán en formato .doc o .rtf
6. La fecha límite de entrega de originales será el 28 de junio de 2012.
7. Un jurado compuesto por miembros de la Biblioteca Fosca y, eventualmente, autores invitados, hará una selección con los 13 (trece) relatos más meritorios. Los criterios serán estrictamente literarios y se podrán dejar plazas desiertas.
8. Estos relatos se publicarán en una antología única no exclusiva por la editorial “Saco de huesos” (es decir, los autores podrán seguir disponiendo de sus textos libremente) tanto en formato papel como en formato electrónico.
9. Los autores ceden sus derechos económicos para los primeros 500 ejemplares publicados (en formato papel y/o digital) de la antología. A partir de éstos, y si el autor no renunciase a ello, cada participante de la antología recibirá anualmente un 1% del PVP (Precio de venta al público) de los ejemplares vendidos en formato papel, así como un 2% del PVP para los ejemplares en formato electrónico. Asimismo cada autor seleccionado recibirá un ejemplar de la antología en formato papel.
10. Se considerará que los participantes aceptan estas bases por el mero hecho de participar en el concurso.
11. Será potestad de la asociación resolver cualquier cuestión referente a esta convocatoria que no quede contemplada en las bases de la misma.
Más información en http://www.sacodehuesos.com

viernes 2 de marzo de 2012

PASEANDO CON FANTASMAS -Antología del cuento gótico-



Reseña: Pilar Alberdi

Paseando con fantasmas -Antología del cuento gótico- contiene 18 cuentos. La selección y traducción ha sido realizada por Marian Womack, y se abre el libro con un prólogo titulado «De macabras visiones y sublimes espantos: breve paseo por la narrativa gótica» escrito por David Roas.
La ventaja de la introducción permite al lector conocer cuáles fueron las razones que posibilitaron la abundancia de los fantasmas en la literatura de esa época:
«A mediados del siglo XVIII, un fantasma se extendió rápidamente por Europa, infectando el continente con un nuevo placer que ya nunca hemos dejado de frecuentar: la pasión por el terror». (…) Si bien el Racionalismo había eliminado la creencia en lo sobrenatural, ello no supuso la desaparición de la inquietante emoción que producían los fantasmas y el resto de fenómenos fantásticos como encarnación estética del miedo a la muerte y a lo desconocido. Por un lado, dice Roas, hay un «valor sentimental en la novela gótica» que destaca; y por otro, el lector del siglo de las luces podía sentirse a través de estas lecturas un poco más cerca de la Edad Media a la que el propio nombre de «gótico hace referencia».
También encontramos en estas primeras palabras otra explicación necesaria: la razón por la que los relatos se ambientaban en otros países o regiones a las que se consideraba menos ilustradas. De hecho, varios cuentos están situados en España o Portugal.
Entre los principales autores que participan en esta selección destacan los nombres de: Ainsworth, Barbauld, Borel, Byron, Crookenden, Cumberland, Drake, Hogg, Hunt, Juvenis, Maturin, Thackeray, Wadham. Sin duda, muchos de los títulos, nos avisan de lo que vamos a encontrar: «El envenenador», «El monje del horro o Cónclave de cadáveres», «Prisionero de los banditti», «Danza macabra», «El enterramiento», «Relato para una esquina con chimenea», «La novia fantasma», «El castillo de Leixlip», «La predicción del astrólogo», «La apuesta del diablo», «Andreas Vesalius, el anatomista»...
En estos relatos hay una prevención contra «los filósofos» que marcaron el siglo de la Ilustración y la Enciclopedia. Y se los cita más a menudo de lo que una hubiera imaginado. Lo hace James Hoggy, por ejemplo, en «Expedición al infierno».
Desde el inicio de los relatos se percibe esa calidad especial que en seguida nos sitúa en la historia y que reúne en unos pocos renglones el ambiente o la situación. Cito, a modo de ejemplo, el relato «El envenenador de Montremos» de Richard Cumberland: «Un caballero portugués, al que ruego que me permitan no describir excepto por su nombre de Don Juan, fue sometido a juicio no hace mucho por envenenar a su hermanastra por parte paterna después de dejar embarazada a la desventurada...»
No sólo hay nombres de autores reconocidos, también hay varios de autores anónimos, y me gustaría destacar aquí un relato titulado «Danza macabra», publicado en 1810. Se trata de una especie de flautista de Hamelin que al no obtener los beneficios que el alcalde le debe y que se había comprometido a otorgarle, logra una serie de hechos en los que veremos revivir a los muertos.
Una preciosa antología de la Editorial Páginas de Espuma .

Sinopsis (Contraportada):

«Apariciones fantasmales, crímenes y acciones sanguinarias, elementos macabros, misterios terroríficos, maldiciones, gemidos, murmullos, gritos, chirridos y demás sonidos inquietantes, naturaleza desbordada, nobles malvados de sádicos instintos, amores imposibles, mujeres perseguidas y atormentadas por el malvado de turno, o cualquier otra expresión de lo sobrenatural y la oscura psicología del ser humano.

Los cuentos reunidos en Paseando con fantasmas exponen de forma magnífica los principales rasgos (así como los excesos) del género gótico, y al mismo tiempo permiten hacerse una clara idea de las diversas vías por las que discurrió su cultivo en el relato breve a lo largo de las últimas décadas del siglo XVIII y las primeras del XIX. Un excelente viaje al fondo de nuestros más íntimos terrores».


Ficha técnica:

240 páginas Voces/ Clasicas • 106

ISBN: 978-84-8393-086-1 21,5 x 14 cm 16,35 / 17 €

martes 28 de febrero de 2012

EL PISO DE LA CALLE RYDEN



Reseña: Pilar Alberdi

El piso de la calle Ryden y otros cuentos de misterio de Blanca Miosi, está dedicado a su pareja : «A la memoria de mi inolvidable Henry». También lleva el texto un agradecimiento a su editor Fernando Hidalgo, creador, además, de la cubierta. Por cierto muy bella y sugerente.
Como corresponde al género, muchos de los pequeños relatos que componen esta obra están escritos en primera persona. Por supuesto, también los hay en tercera, y, probablemente los haya también en segunda, aunque en este momento no puedo recordarlo.. Pero la primera persona tiene siempre esa cercanía con los hechos que nos impulsa a sentirlos como propios.
Los relatos de la primera parte me han parecido más etéreos y misteriosos que los de la última. Allí he sentido un estilo más concreto y realista. Y el orden en que han sido colocados me ha parecido excelente. Como son cortos, la mayoría se pueden leer en el tiempo que dura un trayecto de autobús o metro. He percibido que una gran parte de los mismos tienen como protagonistas a hombres. Y esto suele ser muy habitual en nosotras, las escritoras, mientras que a los hombres, por lo general, les sucede lo contrario. Pero si tenemos en cuenta que un alto número de lectores en formato digital son hombres, están de enhorabuena.
Yo he encontrado en esta selección cuentos que me han encantado. Por ejemplo, el primero, El piso de la calle Ryden que da, además, título al libro. Un escritor que está en la ciudad para vender su novela. Un edificio en la calle Ryden 450 en donde alquilará una habitación. Una vieja inquilina, la señora Victoria, que a modo de una casera «con ojos de rata», ofrece detalles al escritor sobre una mujer de nombre Clarisa Morrison, una dama que en su juventud mostraba el aspecto de una «mujer fatal» y que tuvo varios maridos. El escritor queda atrapado en esa historia, en el misterio de ese piso deshabitado y en la vida de la que fue, Clarisa Morrison.
Creo que Blanca Miosi consigue con pocas pinceladas un ambiente especial.
En la imposibilidad de citar todos los relatos nombraré, egoístamente, aquellos que me gustaron más.
En «La mudanza» un hombre es ignorado por los suyos... «Venir de la rama pobre de los Fonta-Rossa sólo le había permitido ocupar una pequeña habitación en la parte trasera de aquella mansión, casi en calidad de cuidador». «La gente pasaba rozándolo, tenía que apartarse del camino porque nadie le pedía permiso, mucho menos se excusaban si algo lo golpeaba, actuaban como si el tiempo estuviese en su contra, y así debía ser porque constantemente chequeaban sus relojes». Todo lo que ese hombre «poseía cabía en una maleta». Por supuesto, dejo el resto a su imaginación y a su lectura.
«La luna de los deseos» oculta un misterio. ¿Quién es ese ser que recogió una mujer en un parque? ¿Quién puede ser, ya que luego, cuando sienta la sal de sus propias lágrimas, quedará sorprendido?
En estos relatos aparecen varias hospicios y psiquiátricos. Y el terror o el horror es siempre sugerido, no directo.
La lectura de «Las cartas» me trajo reminiscencias de ese mundo al revés en que se convierten las cosas, como sucede, y lo comento para quienes lo hayan leído, en «La celda Nº6» de Chejov, donde salvador y víctima pueden llegar a ser la misma persona.
Son cuentos de ciudad, pero no todos. Por ejemplo, «Una noche en el Ticlio», se trata de un personaje que escribe historias y se encuentra en la cordillera a una altitud de 4871 metros. Como es de esperar en estos lugares, el hombre sufre del mal de altura. Aparece,a partir de ese momento, un ambiente en que se mezcla la realidad de los vivos y difuntos, en el que los indiecitos de ayer pueden ser los de hoy, y por supuesto el deseo sexual, la urgencia de llevarlo a cabo, tema también muy presente en este conjunto de relatos. Y este hombre, este personaje, se va a convertir en protagonista de su propia historia, de la que no sabía que iba a escribir y mucho menos a vivir.
Y, mientras escribo esta pequeña reseña para acercarles las historias de El piso de la calle Ryden, me doy cuenta que son muchos los relatos que me han gustado, y que me sería imposible nombrarlos a todos, por lo que voy a poner a continuación uno, de los que yo considero de corte más realista dentro del conjunto y que sé, porque hemos conversado sobre este libro, que le gusta a la autora.
Pueden adquirir El piso de la calle Ryden en el siguiente enlace a Amazon. Espero que lo disfruten.


EL ABUELO

Cuando empezó a oscurecer sucedió igual que la noche anterior, y la anterior, y la anterior; las sombras de la casa se juntaron en una sola y de pronto todo quedó negro. Mamá había dicho que no tenía qué temer, pues la casa era grande pero inofensiva, sin embargo, yo la sentía demasiado oscura. Demasiado.
Desde que fuimos a vivir a la casa del abuelo todo era diferente. Aún lo recuerdo echado en ese largo cajón al que todo el mundo se acercaba a mirar. Yo no hubiera querido hacerlo, pero mamá había dicho que sería el último adiós, y que había que respetar sus partida, así que no pude evitar cerrar los ojos al ver su cara. No quería recordarlo con ese extraño peinado y tanto color en las mejillas; la piel del abuelo había sido de un agradable tono amarillento, y siempre andaba despeinado. Hasta sus ropas eran otras, pero eso a mi madre no parecía importarle, ella andaba más preocupada en que todos tuviesen su taza de chocolate bien caliente en esa fría mañana de enero. El abuelo dentro del féretro, como había dicho mamá, estaba resguardado, y por la tarde lo llevarían a la cripta, donde quedaría encerrado en un nicho. No estoy muy seguro de que hayan hecho un buen trabajo, y creo que el abuelo lo sabía porque cuando lo vi en el cajón tenía una cara de querer echarse a reír en cualquier momento, como cuando solía burlarse de todos.
En cuanto amanezca entraré en el mausoleo y veré si es verdad que la losa que pusieron está bien sellada, se me hace que el abuelo anda suelto por ahí y desde la oscuridad se burla de nosotros; ¿quién, sino, nos habría dejado sin corriente? ¿Y quién estaría apagando las velas cada vez que me doy vuelta?
La casa es muy grande para nosotros dos, espero que mamá cumpla su palabra y nos traslademos, pero según ella aún no es tiempo, dice que si nos vamos lo que nos dejó el abuelo ira a parar a un hospicio. Pero un año es una eternidad.
Siento que esta vez la oscuridad tiene forma extraña, se mueve, respira, me envuelve, cerraré los ojos y me taparé los oídos, tengo miedo. Quiero llegar a mañana, es mi cumpleaños. Quiero ver mis noventa velitas alumbrando la torta que me prometió mamá, estaré feliz de ver cómo se ilumina todo.



LA AUTORA:

Blanca Miosi, peruana de nacimiento, vive desde hace muchos años en Venezuela.  Publicó La búsqueda, Roca Editorial 2008, El legado, Editorial Viceversa 2009 y El manuscrito 1 - El secreto, primero en Amazon y ahora por Ediciones B con el sello B de Books, 2012.
Blog de la autora
Página web de Blanca Miosi

sábado 25 de febrero de 2012

ASÍ COMIENZA... " LAS FOTOS DEL INGLÉS"



Así comienza...

GRAN BRETAÑA

La visita
 
Oxford, finales de invierno.
 
Corría el año de 1876 cuando el joven Arthur Tell se dirigió a visitar a Charles Dodgson, más conocido por Lewis Carroll, en su lugar de residencia en Oxford.
—Tom Quad, escalera 7, habitación 3 —Leyó en el papel que traía en la mano, guardándolo a continuación—. Ya estoy aquí —se dijo arreglándose la ropa. Una sonrisa triunfal apareció en sus labios.
Su ropa y su calzado mostraban el polvo del camino pero no le importó. Se sacudió rápidamente la tela de los pantalones y de la levita, pasando el antebrazo por su bombín como si acabase de darle lustre. Antes del amanecer, la diligencia lo había dejado a un paso de la entrada de Oxford. La vieja universidad  fundada en 1524 seguía siendo tan hermosa como en los días de su creación. Estaba eufórico, pero también agotado por el viaje. Miró a su alrededor. El césped, a la sombra de los muros, retenía la blanca escarcha de la mañana. El río espejaba un cielo gris de edificios góticos con chimeneas de las que se desprendían finas hilachas de neblina y humo. Una pequeña barca pasaba por los  ojos en sombra de un puente. Más allá, la rama caída de un tronco, en mitad del cauce del río, intentaba cortar en dos el rápido curso del agua. Sobre ella, una tortuga, indiferente al mundo que la rodeaba, cerraba sus ojos, mientras una pequeña garza blanca de finas patas dejaba sus huellas de palotes sobre el lodo.
Arthur Tell, miró a los lados en busca de ayuda... Una figura que salió corriendo de un edificio venía hacia él. Se trataba de un muchacho rubio y de grandes ojos azules.  Cuando estuvo a su lado, el adolescente, vestido con la negra capa y la toga característica de los estudiantes de Oxford, se mostró amable y diligente. Después de escuchar con atención las preguntas del visitante, le indicó de palabra y señalando con la mano, el lugar hacia dónde debía dirigirse.
—No tiene pérdida, señor —añadió.
No la tenía. El estudiante comenzó a alejarse. Pronto se encontró con otros jóvenes. Y los vio marchar con la alegría propia de sus mocedades, por un sendero que seguía el curso del río. No muy lejos de allí estaba la casa del dean Liddell. El resto de los colegios de estudiantes, competían en hermosura, intentando sobresalir los unos de los otros. Pero ninguno de ellos poseía una bóveda tan florida en el hall, ni una catedral de estilo gótico más elegante que el Christ Church College, en el que Dogdson había sido estudiante, tutor, y profesor de matemáticas durante los últimos años.
La mañana con el sol imponiéndose sobre el horizonte, se abrió paso con el canto de los pájaros.
Arthur Tell continuó su camino hasta llegar al lugar que el estudiante le había indicado. El visitante recién arribado de Liverpool, de rostro lampiño, mejillas sonrosadas y nariz enrojecida por el frío, tembló un poco a  causa de los nervios, y otro poco por las bajas temperaturas. El otoño estaba siendo especialmente gélido y húmedo ese año. Las manos y los pies de las gentes más pobres soportaban dolorosos sabañones durante esa época. El recién llegado, en un impulso para ocultar aquellas manchas rojizas, escondió sus manos tras las puntas de la bufanda que, un instante antes, caía como una serpiente desde su cuello.
Tras dar un corto rodeo, por fin se encontraba ante el edificio que le indicó el estudiante. Se palpó los bolsillos. Sorprendido, descubrió que no traía tarjetas de visita. Confiaba en que Charles Dodgson, estuviera en casa. De otro modo, le sería difícil volver.
Frente a la puerta, observó una escalera de caracol de madera, ante la que no dudó en emprender el ascenso. Escaló los gastados peldaños de dos en dos, como correspondía a su juventud y sus largas piernas, y en un momento consiguió que el corazón le galopase en el pecho como un corcel brioso. Se detuvo en el descansillo, y allí, se desenvolvió el tapabocas. Poco después, sus manos, tan nerviosas como todo su cuerpo, se encontraban bajando presurosas la tela de su camisa blanca, rehaciendo el nudo de la corbata negra de lazo, subiéndose los pantalones y estirando los faldones de la levita color marrón. A falta de un espejo, sus ojos recorrieron, de abajo a arriba su figura, una y otra vez. Finalmente, pasó los dedos de ambas manos a modo de las púas de un peine sobre su cabello castaño claro, intentando mantener la raya que había trazado por la mañana después de levantarse. Azotados por el viento otoñal de Oxford, los cabellos que en Liverpool se habían mantenido quietos, en cuanto puso pie en tierra, habían volado al aire.
Convencido de que había logrado su objetivo y se encontraba presentable, preparó durante unos segundos su espíritu, su cuerpo y su mano para llamar a la puerta de aquél a quien ya consideraba, su mentor.
«Mr. Dodgson», probó a decir, mientras miraba las palabras «Reverendo C. L. Dodgson» escritas con pintura blanca sobre la puerta.La revelación de que por fin se encontraba, gracias a la recomendación de unos viejos conocidos de la familia Fausset, a punto de conocer al maestro de fotografía, también autor de dos conocidos librillos para una de las hijas, de nombre Alicia, del dean Liddell, más otros libros de matemáticas, lo emocionó al punto de erizarle el vello de los brazos y agitarle otra vez el corazón como si se tratase de un potrillo valeroso, dispuesto a recorrer una rápida carrera junto al río por uno de aquellos verdes y venerables prados de Oxford.
¡Qué lejos quedaba para él la ciudad que por unos días había dejado atrás! Liverpool era en ese momento —al igual que otras poblaciones— un hervidero de gentes y carruajes a causa de la Revolución Industrial. La fuerza de aquel impulso había transformado a los campesinos y artesanos que llegaban de los pueblos a las ciudades, buscando nuevas oportunidades, en una masa de proletarios hambrientos, sucios, harapientos.
Con la mano izquierda frente a la puerta, el joven meditó, una vez más, lo qué diría, y ensayó mentalmente un par de frases.
Probó a decirlas:
—¿Señor Dodgson? Soy Arthur Tell. La familia Fausset me habló mucho de usted.
Descontento con el resultado, intentó otra:
—Arthur Tell, señor; amigo de la familia…
Todavía una más:
—Arthur Tell, para servirle, señor. Su más sincero admirador. Vi sus fotos en una exposición en Londres, y quería expresarle personalmente mi más sentida admiración. ¡Oh! Discúlpeme. Lo olvidaba… Soy un viejo conocido de la familia Fausset…
La última le pareció la más adecuada. Un poco pomposa, tal vez. Y, además, esa justificación al final… No. Primero debía explicar de parte de quién lo visitaba. «¿Lo recordaría cuando tuviese que abrir la boca para hablar?», recapacitó.
¡Quería saber tantas cosas de él y de su técnica fotográfica! Los pensamientos bullían en su cabeza… Además de otros detalles, le preguntaría por el modo en que Joseph Cundall and Company le abastecía de placas. ¿Le hacían un precio especial? ¿Podría recomendarlo a ese proveedor? Le hablaría de la herencia de su tía. No quería que pensara que era un oportunista. La suerte lo había favorecido y ahora contaba  con nuevos y oportunos medios para vivir. Unos pocos días antes, había recibido la comunicación por parte de los albaceas de su tía, del monto al que ascendía la herencia que esta le había dejado. Le hablaría de ello, pero también le contaría de su interés por la fotografía, con la cual esperaba ganarse la vida en el futuro. El señor Dodgson era un profesor. Estaba acostumbrado a tratar con personas jóvenes. Quizá aceptase conversar con él como si fuese uno de sus pupilos sobre la técnica de fijación y el revelado de placas fotográficas por el método del colodión húmedo. Ese tema le interesaba. Quienes  conocían a Dodgson, decían de él que era capaz de escribir cientos de cartas al mes con pulcra caligrafía. Un hombre con esa paciencia, tanto para los niños como para los adultos, sabría comprender el interés de un joven como él por la fotografía. Se consoló a sí mismo pensando en todo aquello antes de decidirse a llamar a la puerta.
Podía observar su respiración apresurada. Se estiró el cuello de la camisa, pasó el dedo por el interior como si quisiese aflojarla, y se acomodó el lazo de la corbata una vez más.
Iba a dejar caer la mano sobre la puerta con la intención de golpearla, cuando hubo de detenerla en el aire. La puerta acababa de abrirse. La sorpresa no le impidió reaccionar con una sonrisa. Tenía ante sí el rostro de una joven pelirroja de ojos verdes, de no más de veinte años y un poco más baja que él, preguntándole qué deseaba. Probablemente la joven había oído ruidos fuera. Lo cual no habría sido extraño teniendo en cuenta los suspiros, las quejas, y el monólogo en voz alta del joven, tal si fuera un actor declamando a Shakespeare en el ensayo previo a una función. Si hubiera dejado ir su mano con su habitual fuerza contra la puerta, sus nudillos habrían dado sobre aquella naricita pecosa y respingona. El muchacho la miró deleitado. La joven era bonita. Y tenía buenos modales. Después, volvió los ojos hacia el interior de la sala. Junto a la pequeña y delgada figura vestida con alegres colores, sobre cuyo peinado lucía un gracioso sombrero de fieltro y gasa, comenzaba a vislumbrarse la posibilidad de ver aparecer una estricta  institutriz vestida con ropas oscuras a punto de hacer frente a un extraño… Arthur Tell avanzó la mirada con precaución. Pero lo que vio en el interior, fue la silueta de un hombre delgado y alto, vestido con levita oscura y camisa blanca con lazo negro. El hombre estaba recitando un poema a un pequeño grupo de niñas. El joven conturbado por la situación, se sintió emocionado al comprobar que era el reverendo Dodgson, su ídolo. Lo reconoció por haberlo visto en varios retratos y por haber admirado sus fotografías en una exposición en Londres. Además, su rostro,  delicado y triste, era difícil de olvidar, lo mismo que sus grandes e imperturbables ojos azules.
El poema que recitaba el reverendo Charles Dodgson hablaba de la vieja rectoría de Croft, donde había vivido de niño con sus padres y hermanos. Lo había escrito de su puño y letra, y era un texto que apreciaba por traerle recuerdos de su niñez.
En el interior de la sala, la voz de Dodgson tartamudeó. Los problemas de dicción aparecieron. Sus labios, como los de un pez, comenzaron a abrirse y cerrarse. No en busca de aire, pero sí de palabras. Sin embargo, de allí no salió ninguna.
El joven, inconscientemente, comenzó a mover sus labios, pero tampoco eso iba a servir de ayuda al profesor. Arthur Tell se quitó el sombrero. Comenzó a darle vueltas entre sus dedos como si con aquel nervioso gesto pudiese solucionar algo. Las niñas, quienes no habían mostrado interés alguno por el visitante que permanecía junto a la puerta, se comportaban como un público atento y respetuoso con el poeta. La joven institutriz, olvidándose del visitante que tenía a su lado, miraba complacida hacia el interior de la sala, donde el fuego del hogar encendía de luz los colores, ya de por sí claros de las paredes. Bailaba la luz en las figuras de los cuadros al óleo; sobre los libros de la biblioteca; y su calor abrigaba del frío tan persistente del invierno. El reverendo Dodgson con medio rostro más serio y melancólico que el otro lado de su cara, tal y como parecía ser una característica suya que muchos señalaban en cuanto le conocían o le veían en un retrato fotográfico, sostuvo la mirada ante las niñas, mientras su boca se movía silenciosa e intentaba emitir algún sonido. No parecía sentir vergüenza ante aquellas niñas, aunque eso, probablemente, no le evitaba saberse en una situación incómoda que, acaso, había aprendido a superar con los años. Después, con una calma que rebosaba paz, bajó los párpados, mantuvo cerrados los ojos un momento como si ya no estuviera en la sala y, al abrirlos, entre sus labios surgieron, con una voz límpida, y fresca, las palabras que hacían posible el poema.
«La rectoría de Croft» ―dijo como para recordar de qué estaba hablando y a continuación las palabras surgieron llenas de la luz infantil de los sueños...

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SINOPSIS

Las fotos del inglés de Pilar Alberdi


Arthur Tell, atraído por la novedad de la fotografía de la que ha quedado maravillado pretende visitar a Charles Dodgson (Lewis Carrol), que en ese momento era famoso por sus libros (Alicia en el país de las maravillas), como por ser uno de los pocos que conocían esa técnica.
Una herencia recibida y un ímpetu de aventura que le proporciona su juventud lo lanzan a emprender un viaje a las Américas donde cree que podrá desarrollar esta profesión.
Ya en el barco comienza a ver lo que se encontrará: cientos de inmigrantes que van a la tierra prometida en busca de una vida mejor y la realidad de una pobreza que no hace mas que cambiar de continente.
En Buenos Aires, al saber que se está organizando una campaña para conquistar las tierras del sur a los indios, decide que es su gran oportunidad de hacer fotografías y, tal vez, de hacerse famoso.
A medida que va avanzando en el trayecto irá conociendo la vida y costumbres de aquella gente, vivirá con los soldados y luego con los indios, hará unas fotos que no se parecerán en nada a las «oficiales», y sin darse cuenta quedará inmerso en una historia de amor que lo acompañará el resto de su vida.

lunes 20 de febrero de 2012

EL LÓBREGO PASTOR de Pablo Andrés Wunderlich




ENTREVISTA A PABLO ANDRÉS WUNDERLICH


Por: Pilar Alberdi


¿Qué representa para un autor guatemalteco la literatura épica?

La literatura épica es un portal a la exploración personal y para el desarrollo del ser potenciado por su máximo deseo de obtener de sí únicamente lo mejor, de rascar los límites de su existencia, de excavar profundo entre su elixir y descubrir los elementos más básicos que le conforman como humano, un ser temporal y existencialmente abatido por nociones vagas que parecen eludirle constantemente; la literatura épica es un trayecto de vida, es una constante franja de tiempo que me recuerda que hay que luchar por aquello que más se desea; es un metáfora, una alusión constante hacia mí mismo, hacia mis esfuerzos pasados y presentes de esta vida y de cómo desde joven he luchado constantemente, con disciplina, con tenacidad, una lucha por aquello que más deseo, de cómo he evolucionado a ser lo que soy por mi constante indagar en mis cimientos, en mi pasado, en lo que me hace ser humano, en lo que me conecta al universo; es una expresión de libertad: alas galantes que me permiten explorar los diversos rasgos de mi personalidad a través de aventuras distintas que me permiten explorar mis potenciales respuestas ante tales las situaciones, de crear universos paralelos y de vivir mi realidad en un mundo alterno para recrear los eventos pasados y de reflexionar de cómo fueron y de cómo deseo que hubiesen sido; es mi relato existencial.
El hecho de ser guatemalteco puede que le agregue la sazón necesaria para plasmar esta lucha, dado al hecho que he sido expuesto a una diversidad cultural, sociopolítica, y natural.
Cultural: Cultura europea yace en los cimientos de mi familia, pues expuesto a las influencias alemanas de tal me encuentro con la disciplina del trabajo y la ética y moral de laborar con frecuencia e intensamente por obtener lo deseado. Por otro lado, la cultura guatemalteca me ha llevado a ver el mundo por ojos que lo ven todo tan distinto, de ver los acontecimientos naturales por ojos que lo ven todo, no con ojos de curiosidad científica, pero con ojos de asombro y respeto.
Sociopolítica: Guatemala está compuesta por una división extrema, que en sí tira a cada espectro del rango a los extremos. Hay mucha pobreza, y hay mucha riqueza. Lo interesante de esta dicotomía es que entre la ambivalencia se encuentra una constante, y esa es que sea donde sea que se encuentre el hombre, sea en su rango extremo pobre o el de riqueza, habrá, ha habido, y seguirá habiendo, frustración existencial. Así como hay hombres pobres, pero trabajadores y felices, los hay también insatisfechos. Eso, existe del mismo modo en la riqueza, donde vemos a gente muy adinerada y de amplia posesión material, que despilfarran lo que tienen intentando cobrar de la vida aquella cosa que jamás han obtenido, la felicidad, y por ende, viven del mismo modo frustrados por eterno. En conclusión, la mediocridad está al acecho donde se halle el individuo. Condiciones necesarias no las hay, meramente la presencia de un ser humano errante en su propia molicie.
Natural: Guatemala posee uno de los ambientes y paisajes más bellos de este planeta. Los paisajes son elocuentemente esbozados por una mano invisible que pinta con acuarelas cielos pensantes de manjares frambuesa y sensaciones moradoras. Con treintaitrés volcanes en una tierra tan pequeña, tres de ellos constantemente activos, con tanta montaña, cavernas, y lagos, con playas y bosques densos, la biodiversidad es sobrecogedora. No he podido eludir la atracción poderosa que la naturaleza me ejerce, y a través de mis letras la he explorado con vigorosidad.


¿Qué influencias sientes que has recibido? ¿Concretamente en esta obra?

Son varios los autores que me han llegado a tocar profundamente y por ellos mi estilo ha sido modificado a través de los años. Los pondré, no sólo en orden cronológico de cómo me fueron afectando, pero también relataré cómo cada uno me fue afectando y qué de ellos en mí aún hoy persiste.
Raymond E. Feist: Autor de Rift War Saga: Magitian Apprentice.
Siendo este el primer libro de Literatura Fantástica que leí, me sumergió a este universo de manera rotunda. El amor hacia el género fue a primera vista, y de la manera que me transportó y me forjó explorar mi propia imaginación es algo que jamás olvidaré. Amo la historia y amo como acontece. El amor que surge entre los personajes de el libro me capturó, y hasta hoy, deleito de gozar ese amor sincero e infantil. Gozo de la fantasía que me propuso, y de vez en cuando, regreso al libro y lo leo, con ojos curiosos, para ver como vuelvo a reaccionar a sus letras llevaderas. Me maravillo al ver que en mi yace el mismo niño que exploró ese libro en aquél entonces. Amo la sensación que vuelve a surgir al leer las letras. No puedo más que sonreír, quizá sentir mis ojos rebosarse de alguna lágrima emocionada, y de desear plasmarle al mundo la sensación tan divina que siento en ese entonces. Es así que surgió Manchego y Luchy y su relación tan bella. Ese amor inocente. Ese amor sincero, honesto. Lo vivo cada día de mi vida. Haberlo plasmado en mi libro con estos personajes lo ha petrificado en mi para siempre. Espero haga lo mismo en mis lectores. Espero ellos sientan lo mismo, que se enamoren como yo me enamoro. Que deseen eso de sus vidas. Que lo busquen, que lo sueñen, que lo vivan.
Miguel Ángel Asturias: El Señor Presidente:
Premio nobel guatemalteco de la literatura. Uno de dos que poseemos en nuestro país. Diría cualquiera que lea esto que yo estoy desviado hacia este autor por el simple hecho que es guatemalteco. Pero no, está equivocadísimo. El estilo de escritura tan robusto, rítmico, lleno de esperpento, sincero, agresivo, descriptivo, y metafórico de Asturias me absorbió desde el primer día que nos dimos a conocer. Me encantan sus descripciones llenas de deshonra, de la tragedia, de su capacidad para hacer al lector viajar con su letra pesada.
J.R.R Tolkien: The Lord of the Rings, The Hobbit, y The Children of Húrin.
Lo que más me llevo de Tolkien es su fenomenal estilo de escritura. Si bien me gusta la aventura por sí sola, leo Tolkien más que todo por su prosa. Me enamora su manera de escribir tan épica y tan rítmica. Las descripciones que él hace y me sumergen a modo de poder husmear lo que describe que simplemente es algo que tuve que adoptar en el estilo propio. El heroísmo en Aragorn es algo que también me ha fascinado, y de la exploración de la poesía dentro de la narración. Lo hago constantemente, es algo que deseo que todos experimenten, esa delicia de simplemente deslizarse con lo leído; de no sólo enamorarse por lo leído, pero también, por cómo se lee.

Ayn Rand: The Fountainhead Atlas Shrugged, The Virtue of Selfishness.
Este libro me ofreció el portal hacia la exploración del universo de los principios, pero más importante, de la importancia de adherirse a ellos sin importar qué pase o qué situación se presente. Me llevó a comprender que éste es el camino a la integridad, al trabajo, a la disciplina, cuales son las vías para llevarse a la autovaloración. Una vida vivida con principios es difícil, pero es la única que lleva últimamente a la felicidad.
El segundo punto que deseo explorar de este libro es el paralelismo que hay con el concepto de autoayuda. Aunque es cierto que los libros de Ayn Rand llevan últimamente a la búsqueda de sí mismo a través de principios y a la aplicación de estos, no es meramente un libro de autoayuda. No se adentra en decirle al lector qué hacer o qué no hacer, meramente expone situaciones en donde los principios son ejercidos impecablemente, y otras situaciones en donde una vida sin principios lleva últimamente al fracaso existencial. Mi libro hace exactamente lo mismo. No le dice qué hacer, en efecto, meramente le demuestra situaciones donde el lector se podrá ver reflejado, para en esencia hacerle buscar en sí mismo principios que le harán feliz.
Antoine de Saint-Exupéry: El Principito.
Una experiencia emocional intensa, la obra El Principito me llevó por senderos nunca antes vividos. La simplicidad de la narrativa fantástica combinada con la complejidad del mensaje, convirtieron a El Principito en uno de mis libros favoritos. Cada vez que lo leo, me siento reencontrado conmigo mismo. Tal combinación de narrar con simplicidad un mensaje complejo es un arte.
En cuanto a la experiencia de transportarse por mundos fantásticos es una cual deseo contagiarle a mis lectores; poder transportarles por senderos que pocas veces han sentido. Les quiero presentar un camino alterno de pensar, y así, quizá mostrar paisajes existenciales alternos y posibles.

Y ya para finalizar quería preguntarte, qué quisiste dejar en esta historia, que querías evocar o provocar, o la intención de tu mensaje.

El mensaje máximo es simple: Conocerse a sí mismo y domarse es la base de toda felicidad.
Esto lo logro a través de los diversos caminos literarios que utilizo para apoyar el mensaje intencionado. Con tales caminos quiero que el lector desee llegar a ser un ser armónicamente integrado con sí mismo. Mis letras le podrán funcionar al lector como boceto hacia sí mismo, a funcionar a como un espejo de reflexión existencial. Las vías que mis letras cursan son:
Fantasía: Explorar la imaginación ha rincones nunca antes experimentados. Someter a su imaginación a diversos entornos de explora los mismos intentando hacer al lector ponerse en esa postura. Quizá se pregunte, ¿Cómo reaccionaría yo? ¿Cómo pudiera mejorar eso yo?
Rima: El libro entero rima y fluye. Todo está diseñado en rima y en ritmo. Es para englobar al lector con su melódico ritmo. De hacerle enamorarse aún más de sus momentos. La fluidez le llevará a deslizarse por sus letras. Creo mucho en la fluidez existencial, en el fluir con uno mismo y el entorno universo.
Descripción detallada: Para poder explorar la filosofía objetivista (percepción/realidad) se necesita a un mundo, y para poder explorar al mundo se necesitan detalles palpables. Quiero que el lector sienta lo que yo sentí en algún entonces, y me gusta llevarlo por los diversos senderos de pensar, y de cómo situación X o Y me llevó, en fin, a mi mismo a través de un sendero rebosado de detalles. En todo momento deseo que el lector se explore a sí mismo.


Amplíame con tu opinión sobre la literatura épica en tu país.

Me parece que la literatura épica en mi país es limitada, la conocida es aquella que describe las leyendas e historias folclóricas de mi país. No conozco a otros autores guatemaltecos que hayan explorado su lápiz en Literatura Épica como lo he hecho yo. Puede que me equivoque. De haber más autores y de estar yo equivocado, me encantaría conocer más de ellos.
Quizá lo épico que resalta en mi país remonta a la época de los Mayas, durante la conquista, cuando Hernán Cortés envío a Don Pedro de Alvarado a conquistar las tierras al sur de México. La leyenda se trata del héroe Tecún Umán, quien siendo el capitán del ejército del Rey de los Quichés en Quetzaltenango, le envío en vista que los conquistadores se aproximaban con sus riendas, alabardas, arco y flecha, y armas de fuego. Historia recuenta que lucharon en el Valle del Pino, donde los mundos colisionaron en una batalla sangrienta. Según los recuentos, Tecún Umán y Don Pedro de Alvarado hicieron duelo a la muerte, enfrentados por la circunstancia. Tecún Umán, no conociendo previamente las bestias amaestradas de los caballos, con astucia derrotó a la misma. Pero Don Pedro de Alvarado saliendo invicto de la derrota de su corcel, rápido se puso en pie y perforó su alabarda en el pecho y justo al corazón de Tecún Úman. Tecún Umán siempre luchaba al lado de su Nahual, eso es, su animal acompañante, ése siendo el ave Quetzal. En vista de la muerte de su amo, el Quetzal reposó sobre su pecho ensangrentado, y se dice que desde ese momento el ave Quetzal lleva el pecho manchado de rojo, y por la muerte de su amo, nunca jamás volvió a cantar. De hecho el ave no tiene canto específico. El ave, curiosamente, muere en cautiverio, representando así a la libertad.

¿Cómo ves tu obra en ese contexto?

En este contexto mi obra es un rompe hielo que abre el portal a la literatura épica en mi país, y en este aspecto, al resto del mundo a una literatura épica de origen singular. Agregándole el factor que la épica va embebida con filosofía objetivista, le da una sazón poco usual e inspiradora.

¿Comparándola con la que se hace en Europa?

La literatura épica que se hace en Europa, comparada con la literatura folclórica guatemalteca, es muy distinta. Sin embargo, si la comparo con la que yo escribo, es muy similar. Siendo influenciado por J.R.R. Tolkien me es inevitable destilar en mis letras tal la presencia. Sin embargo, me gusta mucho la mezcla que emerge. Esa porción mítica de la fantasía Maya emerge con los Hombres Salvajes, entre ellos, específicamente Balthazar. Sin embargo, como puede ver en la descripción del personaje, su tez es dorada, es alto, y sus ojos son claros. Es, del mismo modo, producto de una mezcla entre lo indígena y lo europeo. Lo curioso es que las dos ramas de mi familia provienen de países europeos. Por un lado los Wunderlich originaron de Frankfurt, y por el otro, Padilla, de España. Habiendo nacido en Guatemala y expuesto a su influencia cultural, y posteriormente leyendo fantasía europea, generó la mezcolanza que se plasma en el primer libro de la Épica Saga: El Lóbrego Pastor.



SINOPSIS

Fuego estremece el paso del viento entre las alturas del cielo, nubes navegan distantes, pigmentadas con restos de una llama empalidecida. Los ojos de Manchego perforan las fibras del universo, perdidos mientras su alma grita por recuerdos de sus padres, aquellos que nunca conoció. En una eterna búsqueda existencial, Manchego intenta encontrarle una explicación a memorias que no le pertenecen, donde yace la posible respuesta a su pasado.
A través del Imperio Mandrágora una ola gélida trepa de boca en boca mientras rumores de inestabilidad política tocan puertas y ventanas. Miedo brinca de espalda en espalda con garras punzantes, ya que tras las montañas, sombras deambulan marchantes y forjan planes de poco amor. En un pueblo remoto, entretanto, una Finca sufre los efectos de la muerte de su último amo, y el pueblo entero tambalea a merced de una Alcaldía de reputación negruzca. El peso sobre los hombros de Manchego lo abate entre verse confrontado por una herencia agobiante, una infancia marchita, y por su corazón enamorado que lo derrite por un amor silente y de sonrisa tímida. Los tiempos no pudiesen estar más propicios para turbulentas conspiraciones, y apenas secretos de una tierra poderosa empiezan a revelarse. El Imperio cursa un sendero tormentoso, con un pasado violento y amargo. Tan sólo el tiempo dirá qué será de él.

EL AUTOR



Novelista, poeta, Instructor de Jeet Kune Do, y médico cirujano guatemalteco. Nace el 27 de Julio de 1984 en la ciudad de Guatemala, Guatemala. Su pasión por la escritura empieza durante su primer curso de Literatura a los 13 años de edad, y luego en el 2002, gana un concurso de poesía.
Viviendo en un país de contrastes, de inestabilidad política y económica, y de paisajes y naturaleza, Wunderlich no tiene dificultad para encontrar inspiración. Su madre, artista reconocida mundialmente, estimula al joven desde temprana edad a apreciar la creación artística. Con su maestra de literatura Miriam Castellanos, consolida la idea de crear un libro de fantasía. Los consejos de su hermano mayor, Mario, influyen en su escritura y amor por el género. Wunderlich también es influenciado por el mundo literario. Miguel Ángel Asturias y su novela El Señor Presidente, así como Magician´s Apprentice, Magician Master, Silverthorn, A Darkness at Sethanon, de la serie de A Rift War Saga por Raymond E. Feist, The Hobbit, y The Lord of the Rings por J.R.R. Tolkien, quedan grabados en la mente de Wunderlich a través de los años. Posteriormente, Ayn Rand entra en juego en su vida, habiendo leído la novela "The Fountainhead", y el autor Antoine de Saint-Exupéry con el libro de "Le Petit Prince", pasan a ser de sus libros favoritos.
A lo largo de toda la carrera de Medicina, en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala y luego participando en electivos en King's College of London en el año 2010 (cirugía Torácica y Neurocirugía) y en UPENN en el año 2011 (Cirugía Cardíaca), Wunderlich continúa escribiendo, modificando su forma de pensar y escribir a lo largo de los años. Su primer obra El Lóbrego Pastor es publicada a sus 27 años de edad.

RESEÑA DE EL LÓBREGO PASTOR


La lectura de El pastor lóbrego ha sido para mí una experiencia intensa, reveladora de un mundo, el de la fantasía épica, que en un trasfondo cultural distinto como es el guatemalteco y por mano del escritor Pablo Andrés Wunderlich nos ofrece un choque de culturas en donde podemos percibir la raíz indígena y la clásica. Si en este contexto amerindio los personajes comen tamalitos con frijoles, en Europa aves o presas de caza, o cordero.
La diferencia en los modismos, ese disfrute que causan las palabras cuando se las usa y se les da otros sentidos puede resultar un gozo indescriptible.
Para mí ha sido increíble y de ahí que viese acentuado el tono fantástico en la reunión en un mismo texto de nombres de ciudades, reinos o señores europeos ( ciudades de Erliadon, Bonufor, Vásu Felttal y fincas de nombre como Reinita del Diente Quebrado, Santa Lucía, Santo Anillo de Amrin, Santo Comentario; reyes como Hemor IV; cordilleras como las Devónicas del Simrard; dioses como Alac Arc Anguelo, ritos religiosos como el Decamon, objetos mágicos como la Nuez de Teitú). También aparecen los Wyverns “unos reptiles que vuelan con alas, tan grandes como tres caballos”.
Estamos en un territorio llamado Santa San Tera rodeado de un gran imperio. También hay varias fincas importantes, entre ellas, La finca el Comentario. El personaje principal es un adolescente de nombre Manchego, nieto de Eromes "El perpetuador", heredero de esta finca y que por la situación en que se encuentran, un tiempo de guerra, ha dejado el colegio y cuida de las ovejas y los animales. Son también personajes importantes, su abuela Lulita, su pequeña amiga Luchy, Tomasa, que de mucama y debido a que los hombres están en la guerra, ha de ocuparse de las labores de la tierra... Y que habla con un español diferente, porque ella, que tiene la piel dorada es nativa de las tierras de Devnóngaron, y acaba la mayoría de las palabras en “e” como cuando dice: “avena, mayiz y trigue, café del buene”. También esta Balthazar, “el que tiene poder”, el dueño de la Tienda el pastorcito feliz, y la bruja. La reminiscencias a alabardas y lanzas. Y en el mismo contexto personajes vestidos a la manera del siglo XIX, y que yo intuyo como una reminiscencia de aquellos criollos que hacia el 1800 se liberaron de España. Pero también hay una referencia a nobles que pasan en carroza. Pienso que el autor ha traído parcelas de la historia del continente y de su relación con Europa, y no ha querido dejarse nada fuera. Y, por supuesto, ha destacado la grave división en clases sociales en donde unos no tienen nada y otros todo, siendo el personaje del alcalde Feliel un representante que se sirve de sus guardias para imponer la violencia, y beneficiarse de la corrupción y la inestabilidad que él mismo incentiva y favorece con sus actos.
Me gusta la relación entre generaciones porque los muertos afectan a los vivos, siempre están presentes en los comentarios, y esta relación comparativa no sólo la vemos en las personas sino en los animales, ya que se cita a los actuales pero también de quiénes son hijos.
Se inicia la obra en un tono bucólico que nos permitirá conocer cómo es la vida en la finca El comentario, cuáles son y qué nombres tienen los animales que allí hacen su vida.
Creo que en la obra podemos ver reflejado el modo de acercarnos a la literatura de Miguel Ángel Asturias como bien dice Pablo Andrés Wunderlich pero también el de Juan Rulfo en su obra Pedro Páramo e incluso vería alguna pincelada que recuerda al primer Coelho, y por supuesto a autores que nos han formado en esto de la fantasía épica, ya sean los clásicos, no hablo de los del siglo XIX, sino los anteriores, hasta llegara a los sajones, normandos, las grandes gestas escandinavas, los clásicos latinos, griegos, árabes, persas y también se percibe un sentimiento zen, de búsqueda interior que impregna toda la obra.
Por si todo lo dicho fuese poco, esto es el libro de un joven de 27 años, y puedo asegurarles que pasan los días y los personajes no se olvidan y ese es, para mí, un dato importantísimo, a la hora de dar una referencia literaria, porque eso quiere decir que de algún modo siguen vivos tras la lectura.
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jueves 16 de febrero de 2012

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