martes, 27 de julio de 2010

IVAN SIMÓN, ILUSTRADOR INVITADO



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miércoles, 21 de julio de 2010

ENTREVISTA A CARLOS GARDINI




Carlos Gardini, autor argentino de ciencia ficción y temas fantásticos, nació en 1948. Obtuvo —entre otros— los premios Círculo de Lectores, 1982, Argentina por su cuento «Primera Línea»; Premio Axxón 1991 y Más Allá 1992 de novela por El Libro de la Tierra Negra; Premio UPC 1996, España, por su novela Los ojos de un Dios en celo; Premio Ignotus 1998, España, al Mejor Relato Extranjero por «Timbuctú»; Premio UPC 2001, España, por El Libro de las Voces; finalista del premio Minotauro en 2004 con Fábulas invernales; Premio UPC 2007, España, por Belcebú en llamas. Bibliópolis acaba de publicar en España su novela Tríptico de Trinidad.

Bueno Carlos, lo primero que puedo decirte es que me gustan mucho tus cuentos. Son fantásticos y, a la vez, de ciencia ficción... O al revés. O a veces de un solo tipo. Pero en general, hay un mezcla sutil, delicada; a veces fuerte, muy fuerte; otras chocante, y es ahí donde se produce la sorpresa.
En algunos de tus cuentos, en que lectores de otras realidades podrán ver hechos diferentes, yo he visto el período de las dictaduras argentinas, que también viví. Esos terribles momentos en que circulaban coches que llegaban a las casas y se llevaban a las personas. Época de represión, silencio y marchas militares por la radio y la televisión. Podíamos ver esa realidad a diario, los controles en las calles, los mensajes publicitarios del régimen, pero también nos la contábamos a diario, en voz baja, casi en secreto. Recuerdo un comentario de un familiar que por aquella época solía ir a veranear a Pinamar, un balneario costero. De regreso, dijo: «Aparecen cuerpos». Él no los había visto, pero se lo habían contado. Con el paso de los años supimos que se arrojaba al mar desde aviones a las personas secuestradas a las que se quería hacer desaparecer, ni siquiera se las arrojaba muertas, sólo adormecidas, y aquellos cuerpos aparecían aquí y allá, por diferentes lugares de las costas argentinas.
Tienes un cuento donde el narrador encuentra una cabeza en la playa, y no pude evitar relacionarlo con este tema que acabo de comentar, aunque, quizá, no tenga nada que ver. También tu relato «Cesarán las lluvias»... Es un paisaje donde llueven cadáveres y cadáveres sobre la tierra enlodada y de los que no se puede escapar, cadáveres que siguen cayendo y cayendo del cielo mientras dos personas —Elena y Martín— intentan ir a algún lugar. Aparte de recordarme ese tiempo de las dictaduras, en ese tiempo se marcharon al extranjero dos millones y medio de argentinos que luego han sido muchos más, me dejó ese triste sabor, esa melancolía añeja y gris propia de la obra de teatro Esperando a Godot de Becket en que dos personajes esperan al borde de un camino a que llegue alguien, para que de sentido al futuro e incluso al pasado. Por supuesto ese alguien no llegará nunca. En el relato, la protagonista le pide a Martín que le confirme que eso que están viviendo va a terminar... mientras se escuchan los «plop, plop» de los muertos que van cayendo, «todos caían desnudos, pero todos eran iguales. Algunos eran viejos y plácidos, otros eran jóvenes y violentos; los había enteros, y mutilados, y escaldados, y descuartizados, y congelados» ,y es inútil irse porque los que se alejan parece que regresan, y a los que se van y vuelven se les pregunta si «encontraron fuera lo que buscaban», cuando parece que, en realidad, más lejos se haya ido uno, más cerca está de lo que escapaba. ¿Ciencia ficción para escapar de la censura? ¿Ciencia ficción y fantasía como géneros donde sentirse cómodo?

Ante todo, agradezco tus generosas palabras.
En respuesta a tu pregunta, sin duda que lo fantástico puede ser un buen recurso para escapar de la censura, pero para mí no es un recurso ni un género, sino un enfoque, un encuadre que permite ver más de lo que vemos habitualmente. La falta de imaginación me aburre.


Me parece un gran acierto que te concedieran el premio Círculo de Lectores del año 1982, por tu relato «Primera Línea». El jurado lo formaban Jorge Luis Borges y José Donoso. Es un cuento impresionante.
Yo resaltaría de tus cuentos la concisión, la distancia aparentemente fría con que muestras los hechos, y muy especialmente, la maestría con que aplicas los diálogos, es decir el momento en que eliges ponerlos, y haces vivo el presente de los personajes. Probablemente, esto no sea algo tan pensado, sino intuitivo, pero eso no importa, lo que vale es el sentido de la observación, la experiencia como lector y como escritor, en suma, el sentido dramático.
En ese relato, «Primera línea», tenemos a un mutilado en una guerra (en la realidad podría ser la Guerra de las Malvinas, aunque no se dice), sin manos ni piernas que se pregunta que es lo que está muerto de sí mismo, ¿lo que ya no existe de su cuerpo o lo que existe?
En un momento dado, viendo a la enfermera, se da cuenta de que todavía tiene deseo sexual. Y cuando la enfermera se acerca, tú como autor, escoges este diálogo:

—¿Cómo está mi bebe?—le dijo—. Hoy tenés mejor cara. —No terminaba nunca de acomodarle la manta.
Él la miró entre confundido y avergonzado.
—Perdonáme —dijo.
—¿Perdonáme qué?
—Yo no puedo.
—¿No podés qué?—dijo ella.
De golpe abrió la boca como quien recuerda algo, lo miró con severidad, tal vez con asco. Suspiró, dio media vuelta y se fue por el corredor.

Ellos son sólo eso, los mutilados de una guerra. Los que no deberían tener deseos sexuales ni esperanza de futuro... Seres molestos para la sociedad con los que los militares formarán una unidad especial llamada MUTIL para terminar de vencer a los enemigos. Porque ellos —les dicen— son los que más preparados están para hacer la guerra, los más dolidos, los que más razones de venganza tienen... Y cuando, por fin, se acaba la guerra, en el relato han salido victoriosos, y la patria en voz de un alto mando les da las gracias por los servicios prestados, se deshace el grupo especial de tareas MUTIL y se los arroja a la sociedad donde serán un peso para sus familias y para los ciudadanos que no podrán evitar recordar a través de ellos, lo sucedido.
¿Qué otros aspectos, al margen de los que yo he señalado, destacarías en tus relatos?

En su momento, el diario Buenos Aires Herald comentó que «Primera línea» era una «visión fantasmagórica de la guerra de las Malvinas». Podría decirse que muchos de mis cuentos son fantasmagorías, ilusiones ópticas para explorar esa gran fantasmagoría que es el mundo.


En la contraportada del libro dedicado al premio UPC 1996, se dice que Los ojos de un Dios en celo trata sobre «una interesante especulación sobre un futuro cercano escindido entre lo que se podría llamar «inforicos» e «infopobres». Inteligente y bien escrita, la novela incorpora una nueva aproximación al dilema básico de la antropología en torno a si se puede o se debe incidir directamente sobre aquello que se estudia». ¿Quiénes son esos infopobres? ¿Qué buscas en tus novelas?

Los «infopobres» de la novela son descendientes de sectores marginales, de habitantes de villas miserias, que viven como tribus nómades, y son estudiados por observadores cuya observación modela la conducta de esas tribus. La protagonista, que es una observadora, siente fascinación por la vida precaria de los observados. No porque la precariedad no le resulte atractiva, todo lo contrario, sino porque busca una forma de comunión. Quizá yo busque eso en mis novelas, una forma de comunión: con los lectores, con la gran familia viviente que forman todos los libros escritos. O quizá sólo me divierte escribirlas.

El Libro de la Tribu, El Libro de la Tierra Negra y Vórtice, tres de tus novelas, forman una trilogía, aunque esa no fue la idea inicial al crear la primera obra, sino el resultado de un proceso posterior de desarrollo. ¿Fue una necesidad propia del proceso de escritura y de investigación el de ampliar la obra hasta sus últimas consecuencias? ¿Crees que habrá más prolongaciones?

Ante todo, aclaremos que estas novelas son narraciones totalmente autónomas entre sí que no tienen nada en común en lo referente a ambientación y personajes. En todo caso, forman una especie de trilogía involuntaria porque todas tratan sobre un libro que se escribe a sí mismo, un libro mágico o sagrado. Se pueden describir como novelas de fantasía o ciencia ficción, pero básicamente se trata de la exploración de la narrativa como espejo, como memoria, como expiación. También son una variación sobre esa hermosa visión que Dante describe en su Paradiso, el mundo como un libro escrito por la Divinidad: legato con amore in un volume, ciò che per l’universo si squaderna. No sé si habrá más prolongaciones, pero prometo no abusar.

Entre tus libros publicados en España encontramos: Fábulas invernales, El Libro de la Tierra Negra, Tríptico de Trinidad. ¿Podrías indicarnos brevemente de que van? Y ¿qué sensación tienes de cómo reciben los lectores españoles tu obra?
En Fábulas invernales, un funcionario exiliado en un lugar de mala muerte cuenta en público la historia de sus peripecias, y a través de esta narración en un idioma ajeno descubre quién es y por qué debe enfrentar al Pentácrata, que es una especie de deidad. En El Libro de la Tierra Negra, uno de los protagonistas vuelca sus experiencias en un libro almacenado en un cristal, y gradualmente el libro cobra conciencia de sí mismo y se convierte en la clave y la historia de una rebelión. En Tríptico de Trinidad, un esclavo mutilado describe el viaje que deben emprender varios personajes para resolver un enigma del que depende el destino de Trinidad, la ciudad del Eje del Mundo.
En cuanto a la recepción de los lectores españoles, sólo puedo evaluarla a través de los amigos, los editores, los premios y las reseñas, y evidentemente es positiva. El idioma no nos separa, a pesar de todo.



¿Te sientes aceptado y comprendido por los editores españoles? ¿Cómo ha sido en ese sentido tu experiencia?
Una buena experiencia, sin duda. En los últimos años, he publicado más en España que en la Argentina. Y quiero destacar mi especial satisfacción con la publicación de Tríptico de Trinidad en Bibliópolis, a cargo de Luis García Prado, un editor de fuste y un lector apasionado.

¿Algún consejo para los jóvenes escritores?
Paciencia. La juventud es un mal que se cura con el tiempo, pero la literatura es incurable.

Gracias Carlos por hacerte un hueco en tus ocupaciones y aceptar participar en esta entrevista.
Gracias a ti, Pilar, y a nuestros lectores.

A continuación dejo a los lectores enlaces para la lectura en red, a través de las revistas Literatura Argentina Contemporánea, Bemonline y Barcelona Review, de algunos de tus relatos y también de algún fragmento de novela.



Cesarán las lluvias

Primera línea

Reliquias

El miedo a la oscuridad

Éxtasis

África en el horizonte

Timbuctú (Premio Ignotus 1998, al Mejor cuento extranjero).

La Fortaleza de la Soledad

Avance de Tríptico de Trinidad

jueves, 15 de julio de 2010

SARA MANZANO, ILUSTRADORA INVITADA



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sábado, 10 de julio de 2010

RESEÑA DE LA GUERRA POR EL NORTE



RESEÑA DE LA GUERRA POR EL NORTE
DE GILLEM LÓPEZ


Grupo Editorial AJEC, 2010.
Colección Excalibur Fantástica

Texto: Pilar Alberdi

«Llegará, tened por cierto que llegará, el peor de los enemigos. Y en el fin de los tiempos, tras la máscara, encontraréis que su rostro es el vuestro. Los Pergaminos Tirileos. Rollo 7, versículo 21» Con estas palabras da inicio una historia de más de 500 páginas, de la que esperamos ya la continuación sabiendo que complacerá a los lectores del género épico fantástico. Desde la portada, en la que resalta por su belleza formal y dramática la ilustración realizada por Calderon Estudios, la historia nos invita a adentrarnos en un universo imaginario, no por ello menos real.

Guillem López es un escritor muy joven, recién ha pasado los 30 años, con una gran carga de lecturas en su haber, tanto por formación en su época de estudiante universitario como por ser un lector empedernido, y la prueba es el resultado fecundo en que ha desenvuelto la trama de su obra con desenlaces, siempre imprevisibles, sin importarle ir dejando personajes por el camino al más puro estilo J RR Martín. Y ésto, no es algo que cualquier autor pueda permitirse. Guillem López sabe hacerlo, y allí donde deja caer un personaje, levanta otro.

Ya que hablo de personajes: me parece adecuado traer aquí un tema con el que siempre se pretende prejuzgar la obra de los jóvenes escritores. Se les acusa de querer ponerlo todo, ¡oh!, ¿de verdad?, ¡yo añoro esa etapa!, y en especial de lanzar a las páginas demasiados personajes. ¿Demasiados personajes? ¿Cuántos serían demasiados personajes? Y más cuando se trata de historias tan largas que ocupan varios volúmenes. A mí no me preocupa que haya muchos personajes, de ningún modo, sino que los sepan mover por el espacio y el tiempo, ya que de ellos depende que la obra se muestre viva. Voy a poner un ejemplo sencillo: ¿saben ustedes de cuántos personajes está hecha Alicia en el País de las Maravillas? Es verdad que puestos a recordar, se nos aparece Alicia, el gato de Yorkshire, el conejo, la reina, las cartas-soldados que juegan al cricket... Y, probablemente en un primer instante, olvidamos los demás. Pero ¿es que había más? Sí, muchos más y todos al servicio de Alicia, la protagonista. En total son más de treinta. Pero aún voy a decir que da igual que sean 10, cien o más. El tema, y ésto visto desde una perspectiva psicológica es que siempre tendrán una relación no de a dos, sino de a dos con relación a un tercero o a más. Y aquí si estamos en la esencia del desarrollo de los personajes. Si la princesa que está a punto de escapar se encuentra con su madre la reina, es probable que ambas estén teniendo esa conversación pensando en un tercero: el rey, o en un tercero llamado el enamorado, o un tercero: el reino, o... Los ejemplos serían muchos. Porque estos terceros podrán ir variando según los temas que entablen. Pero además, ellas, aportarán cada una su diálogo desde la perspectiva de quién creen que son, quien creen los demás que son ellas, y quienes son realmente. Y esto mismo se podría aplicar al tercero en cuestión, con respecto a los pensamientos de ellas. Y así, sigue y suma. Entonces... ¿De cuántos personajes hablamos?¿Tenemos en cuenta todo esto cuando escribimos?

Los personajes de la Guerra por el Norte, no actúan de una forma coral, ya que hay una gran división entre las fuerzas en conflicto, tampoco lo hacen de un modo exclusivamente individual, salvo en los casos de algunos personajes que viven más aislados de los grupos importantes encabezados por reyes, señores de la nobleza, caballeros clérigos, mercenarios, así como la soldadesca y los pueblos sometidos en diferentes regiones.


De este modo y en tercera persona, un narrador omnisciente, cuenta cómo se va perfilando esa Guerra por el Norte. Muestra con especial crudeza el deseo de poder de señores y clérigos guerreros que pelean por conseguir sus fines. Acaso, porque ante ellos siempre anteponen la mirada de un Dios, a cuyos intereses todos creen servir y a quien exigen éxito, al mismo tiempo que le rinden cuentas de conciencia según su conocimiento o conveniencia. Decía Unamuno que «Dios viene a ser nuestro yo proyectado al infinito». Y algo de eso hay en estas guerras de tipo épico: el o los héroes aspiran a ocupar un lugar en el recuerdo de sus pueblos. Los reyes de Aukana y Misinia, sus respectivas cortes, el duque de Bremmaner, los clérigos guerreros de la Orden de Vanaiar (Anair Banaan, Earric de Bruswic, Whetlay del Río...), y un largo etcétera, miden sus fuerzas en una activa estrategia política al mismo tiempo que se disponen a entrar en el campo de batalla para atacar a sus enemigos. Rodarán cabezas, se mutilarán cuerpos, se quemarán aldeas... En medio de tal vorágine despiadada estallan los golpes de las espadas, las hachas, las mazas y los dardos de las ballestas; surgen las primeras alianzas y traicciones, dando lugar al mantenimiento de la lucha, que se intuye larga. Además de estos personajes hay otros, verdaderamente relevantes pero evitaré dar aquí más detalles para no desvelar la trama. También hay otros lugares.

Sin duda, Gillem López ha hecho una labor de investigación y recreación que se muestra en la fácil descripción de las fortalezas. Ha diseñado con esmero los detalles de los escudos de armas y blasones. Incluso cuando en el capítulo III habla de Dávingrenn, la capital de Misinia como la ciudad de las mil cúpulas donde los señores las hacían levantar para demostrar su poder, nos recuerda o, por lo menos, a mí me ha recordado esa zona de la Toscana italiana en donde los señores de la nobleza renacentista levantaban torres con el mismo propósito. Aunque supongo que este tema del poder del hombre representado por pirámides, obeliscos y torres, incluida la mítica Torre de Babel pertenece al deseo del hombre de sentirse superior y con poder. En fin, que nada es en vano, y cuando en la obra hay una batalla, cada hombre está en su puesto, y el autor sabe perfectamente que formación entrará primero, quién defenderá los flancos, sostendrá la retaguardia y dará la orden de avance en la vanguardia. Y lo hace de un modo realista. Por un lado están los personajes masculinos, con su dureza y su impiedad. Aunque hay algunos que muestran otras características. Por el lado de los femeninos, nos sorprenderá la voluntad y la fuerza de algunas de estas mujeres como Kali, Trisha, Ela Adjini, Mina, o la princesa Vanya. Caracteres muy bien trabajados. En cuanto a las reinas, la consorte del rey Levvo, está en su punto justo, como consorte del rey que intenta manejar el reino con mano izquierda; muy bien lograda, por cierto, mientras que mujeres con posiciones más sencillas en la vida social nos gustarán sin duda tanto o más que las otras. Quisiera mencionar también el conocimiento que demuestra el autor sobre la vejez, ya que las descripciones que ocupan este tema, tanto en el aspecto físico como psicológico y social, están muy bien logradas.




Rige ya desde hace unos cuantos años, lamentablemente pienso, la idea de que una buena novela se puede identificar por un primer capítulo que destaque. Creo que esta idea sólo produce excelentes primeros capítulos, incluso en estilos que nada tienen que ver con el que impera en el resto de esas novelas. Lo que ya supone un primer engaño. ¿Mercadotecnía? Pues sí. Pero ni un primer capítulo al comienzo del libro ni una sinópsis de contraportada excelente pueden hacer de una mala novela una buena novela. Por suerte, en La guerra por el Norte, no ocurre ni una cosa ni la otra. La novela es homogénea. Mantiene su calidad de principio a fin. Y si uno quiere saber lo que pasará no puede dejar de seguir leyendo.
Tal es el resultado que, mientras la leía, fui señalando numerosos párrafos que me gustaron. Destaca Guillem López en la descripción de los paisajes, los cuales, indudablemente, sirven para crear la atmósfera que da el conjunto y nos permite imaginar el mundo en que se debaten los personajes.
Ahora bien, cuando días después me detuve a analizar lo que había en esos párrafos que me habían llamado la atención, descubrí que proliferaban los ejemplos de asindetón, metáforas, símiles o comparaciones, anáforas, y por supuesto un vocabulario culto y vulgar, que se aplica según las necesidades narrativas de la historia a los personajes y su entorno. Veamos algunos ejemplos: «el anciano cliente, la intuición de muerte, Marena en trance, su propia respiración, la energía naciente desde el suelo (...)»En este ejemplo, acabamos de ver una asíndeton. Veamos un simil: «Observó el paisaje cambiante, llevado por la misma tronada, como si el avance de las nubes fuese el de un arado que a su paso deja a la vista cosas que no se ven durante el día» Una comparación muy acertada: «—Está despierto —anunció alguien muy cerca de él y su voz resultó como un anzuelo que tiró de su consciencia hasta una superficie oscura y húmeda».
Si alguien cree que estas son figuras literarias premeditadas se equivoca. Lo que hay aquí, es la mente de un escritor que ha leído mucho.
Destacan las anáforas y paralelismos, pondré dos ejemplos que ayudan a mostrar la tensión narrativa al mismo tiempo que describen en qué estado emotivo se encuentran los personajes cuando emiten su discurso, aportando dramatismo al diálogo:«Años de paz que han envalentonado al Duque de Bremmaner en su rebeldía. Años de paz que han llenado de gloria a esos santones belicosos de la Orden de Vanaiar, acumulando riquezas en el Norte mientras el reino se convierte en un animal viejo y carente de poder. Años de paz...» «El pomposo padre de armas de Kival, tan hermoso, tan bien parecido(...)»

Personalmente pienso que, Guillem López, se crece y mucho cuando escapa a la prosa fácil, esa prosa que viene muy bien para explicar una batalla, pero que, sin embargo, luce aún más cuando va acompañada aquí y allá con la riqueza de un bagaje literario, formado por años de lectura y escritura. Si bien por un lado, la abundancia de sustantivos y adjetivos, evocativos de sonidos y sensaciones, nos hablan de un estilo nominal descriptivo, la narrativa de acción marcada a través de los verbos se mantiene constante en el otro polo de la balanza. Un acierto evidente es la elección de los adjetivos, consiguiendo acentuar con ellos, el sintagma nominal. Por ejemplo:«acechantes huecos negros», «redobles tempestuosos», «densas nieblas impenetrables». De este equilibrio entre la narración, propiamente dicha y la descripción, surge una prosa sugerente, que empuja al lector a seguir adelante con la lectura y a querer conocer el final de la obra, la cual, tratándose del primer volumen, que no es autoconclusivo, sino que nos deja con la expectativas de lo que ocurrirá más adelante, es ya un mérito, y además para un escritor tan joven. Por otra parte, es de agradecer que el autor haya sabido mantener, y cuidado que es difícil de conseguir, el ritmo de estas 500 páginas sin llevarnos hacia una tensión final innecesaria, algo que suele ocurrir en algunas de las llamadas «novelas río». Por el contrario, Guillem López ha comprendido desde el principio que debe llevarnos a buen paso hasta ese final que estará a 500 o 1000 páginas por delante de la culminación de este primer volumen. Y lo ha conseguido.

jueves, 8 de julio de 2010

ÓSCAR PÉREZ, ILUSTRADOR INVITADO



Título de la ilustración: "Último vuelo"
Puedes conocer más trabajo del ilustrador aquí o en Blogs que sigo.

lunes, 5 de julio de 2010

LA VERSIÓN DEL MINOTAURO



LA VERSIÓN DEL MINOTAURO de Francis P. Fernández

Entrevista: Pilar Alberdi


Tan sólo faltan unos días para la presentación del libro La versión del Minotauro de Francis P. Fernández. El autor es doctor en Filosofía, experto en criminología y psicología. Profesor en la universidad Camilo José Cela. ¿La editorial? No podía ser otra que NGC ficción! El lugar dónde se presentará oficialmente la obra: Asturias, dentro del marco de la Semana Negra. Así que, buen momento para acercarnos al libro y al autor, antes de formalizar una reseña en toda regla. Por cierto ¿qué les parece la portada de Felideus? Una maravilla, ¿verdad?

Pero leamos lo que nos anticipa la editorial:

Una guerra innecesaria. Un ex presidente del gobierno acosado por la justicia internacional y las sombras del pasado. Una viceministra ávida de poder. Una conspiración urdida en las cloacas del Estado para eliminar a varios oficiales incómodos para el poder. Un mercenario psicópata con el alma castiza y muchas lagunas mentales. Un militar íntegro que intenta detener la matanza, aun a riesgo de desatar una tormenta política de consecuencias inimaginables…
Todos estos personajes, y algunos más, se adentran en el laberinto de los servicios secretos españoles. Un laberinto desquiciado cuyo hilo de Ariadna lleva muchos años cercenado, y en el que ni siquiera el Minotauro comprende las reglas. Ésta es su versión, tan delirante, divertida y escalofriante como los acontecimientos que relata.


Supongo que después de ésto ya estamos sumamente interesados en salir corriendo a comprar el libro, pero por si aún tuviésemos la duda de si hará calor en la calle o si deberíamos coger el paraguas ya que los del telediario dijeron que llovería, leamos lo que dice David Panadero en la Revista Prótesis sobre la trama:

Básicamente, emplea tres elementos para elaborar una trama compacta, que no se pierde en detalles accesorios: un asesino profesional al acecho, que está eliminando a un grupo de militares; un militar que, traumatizado después de su estancia en Bosnia, debe poner fin a esta carnicería; un político –el expresidente del Gobierno, nada menos–, que quiere limpiar su reputación después de haberse embarcado en una guerra que supuestamente ocurrió en Siria, pero que imaginamos inevitablemente en Iraq, de la mano de los Estados Unidos…

Bueno, ahora que no nos quedan dudas de que debemos salir corriendo a la calle a comprar el libro, o sentarnos frente al ordenador para pedirlo online, comienza la entrevista.


Primero voy a pedirle a Francis que nos aclare quién es él.

Un testigo. Siempre lo he sido. Tengo algo de mirón, me gusta observar y tratar de analizar para comprender lo que pasa, porqué se dice lo que se dice o se hace lo que se hace. No sólo me interesa la pregunta por “lo real”, sino también y sobre todo me interesan los mecanismos de “la realidad”. Me ha pasado desde siempre y creo que fue por eso que, de manera inevitable, terminé doctorándome en filosofía. Y soy poco más que esto: alguien que presta atención a lo que ocurre a su alrededor.

En segundo quién creen los demás que es él. Esta es siempre la parte más secreta de los demás...

Los demás… Vaya pregunta. A mí siempre me ha parecido que los demás creen que soy más inteligente de lo soy en realidad. En realidad paso por listo, pero no tiene mérito. Ya te lo he dicho antes: lo que pasa es que me fijo y observo lo que otros ni siquiera miran.

Dicho lo presente, vamos a atrevernos con la novela intentando aclarar algunos conceptos que se nos señalan desde la descripción del argumento. Y que le han servido para escribir una novela negra, negrísima, hurgando en los entresijos imaginarios, por supuesto, de las altas esferas del poder español en el que no faltarán, presumo, referencias al contexto económico y sociopolítico en que nos encontramos.

Aclárame, por tanto, por dónde van los tiros añadiendo algo más a estos conceptos presentes en tu novela:

¿Cuál es el lado oscuro de la política?

¿”Imaginarios” dices? No lo creo. Lo que cuento es muy real. No el caso de la novela en sí, pero cosas como las que suceden en mi historia pasan a diario… Hay muy poco de invento y mucho de adaptación. Los libros de historia están repletos de conspiraciones, tramas, tretas, crímenes de Estado y etcétera. La política no tiene un lado claro porque todo en ella es oscuro, comenzando por el hecho de que comienza con una mentira inconsciente, la que todo político se hace a sí mismo al convencerse de que está en ella por “vocación de servicio”, y termina con los miles de mentiras conscientes que se hacen al potencial elector.

¿Asesinatos de diseño?

Todo crimen de Estado es un crimen de diseño, psicopático si quieres. En la mayor parte de los asesinatos del montón, de crónica de sucesos, no hay premeditación ni planificación alguna. Son resultado de impulsos incontrolados. Sólo el psicópata desarrolla un plan para matar y lo cumple escrupulosamente para satisfacer una fantasía y, por supuesto, porque no quiere ser atrapado. En el caso del Estado se mata porque hay una necesidad política de esconder cosas y, claro, como tampoco se debe descubrir quién ha matado y por qué motivo, entonces se planifica.

¿La mente del criminal?

La “mente criminal” es un mito científico. No existe. Todo el mundo está igualmente capacitado para cometer crímenes… Sólo tienen que darse las circunstancias adecuadas para ello. El problema es que en la mayor parte de los casos desconocemos qué nos impulsaría a cometer un crimen, o qué impulsaría a nuestro vecino, o a nuestra pareja. Pero no lo dudes ni te enredes en moralinas absurdas: para delinquir vale cualquiera.

Laberinto. ¿Por qué será que todos sentimos que el laberinto existe, que acaso no es uno solo, y que nunca terminamos de saber nada claramente, por eso, la sospecha nos corroe lentamente el pensamiento? ¿Y si las cosas no son como parecen? ¿Y si cuando voto a uno o voto a otro e incluso aunque no vote siempre acabo teniendo la triste sensación de que acabaré vendiendo armas a algún país del tercer mundo o no tan del tercer mundo, o colaborando con los tiros oficiales que se dispararán en una guerra en otra parte del mundo?

Pues porque en el fondo eres consciente de que todo no es más que un montaje, y a veces no demasiado bueno. Como esas películas malas en las que se advierte que el cartón piedra del decorado es mentira. El mundo está hecho para ir tirando, para guardar las apariencias. ¿Acaso crees que 1000 millones de personas en el mundo podríamos vivir como vivimos si los otros 5000 no estuvieran en la miseria? Claro, no, los recursos son limitados. Pero como es un asco asumir hechos así, pues nos mentimos a nosotros mismos, nos aliviamos la conciencia haciéndonos ecologistas o lo que sea y así vamos tirando.

¿Qué idea subyace en la novela? ¿Qué denuncia?

Arremete contra la corrección política, contra la mentira, contra ese cartón piedra al que antes me refería. No voy a cambiar nada con ella, evidentemente. Ninguno de nosotros en realidad. Pero al menos tengamos la decencia de no mentirnos. Yo creo que la primera medida para cambiar el mundo es asumir que es un completo asco y entender los motivos por los que lo es. Lo demás son cuentos bobos.

Al margen de lo imaginario, ya sabemos cuánto se parece la ficción a la realidad y viceversa, ¿por qué tenías que escribir esta novela? Voy a decirlo, más claramente, por qué te obligaste a luchar dentro del laberinto que es, seguramente, esta historia que muy pronto leeré.

Siempre he sido un inconformista y un iconoclasta. Y también soy profesor, y a menudo me siento en la necesidad de ilustrar, de tratar de hacer ver a los demás esas cosas que no entienden y que para mí son tan nítidas.


Intuyo por la descripción del argumento un mundo de hombres. ¿Aparecen mujeres? ¿Qué papel les corresponde?

Sí. Hay mujeres. Sería absurdo que en un mundo como el que vivimos no las hubiera… Y alguna incluso tiene un papel central en la trama, de pieza necesaria. En concreto ésta es una mujer que se ha pasado media vida tratando de luchar contra la tiranía del varón, que ha logrado el objetivo y que ha descubierto que el “mundo de los hombres”, ese lugar al que las mujeres tenían vedado el acceso y en el que ha logrado penetrar tras una larga lucha, es sucio, es cutre y no merece la pena. Ya sabes lo que se dice: no desees mucho una cosa, no vaya a ser que al final la consigas.

¿Cómo son esos personajes, que ya adivino corruptos, en sus hogares? ¿Viven solos? ¿Tienen familias y escuchan a Mozart mientras idean el próximo crimen?

Esto es lo más terrible; que son personas normales. Como tú y como yo. Hacen un trabajo, se ganan la vida con sus ocupaciones. No hay más. El mundo del agente 007 es un fraude que no resiste ni un asalto.


He leído por ahí que no te gusta la novela negra sueca, es decir los «Larsson y Cia». Creo que los nombraste de este modo.¡Vaya! Yo los temo. Y te diré porqué. Comencé a leer el primer tomo de Larsson y no pude dejar de leerlo, y todavía tengo los otros dos tomos pendientes de lectura, regalo de los hijos para mi pasado cumpleaños, pero el tiempo no me da más de sí, y he decididio posponerlos. Explícame qué no te gusta, y qué diferencia temática o lo que fuere ves con tu forma de entender la novela negra.

Me parece plúmbea, aburrida y artificiosa. No habla de cosas que me interesen y me cuesta un enorme esfuerzo identificarme con lo que allí sucede. Sus tramas son inconsistentes, las historias vacías, los personajes anodinos… Y absurdamente largas además. Vaya, se trata de un tipo de novela a la que yo definiría como una película de Bergman a la que le hubiera puesto la música ABBA. Terrible. Mucho ruido y pocas nueces.


Y ya que hablamos de la novela negra en España: lo habitual suele ser que se nombre a los siguientes autores y por este orden: Francisco García Pavón, Manuel Vásquez Montalbán, Jorge Martínez Reverte, Eduardo Mendoza, Juan Madrid... ¿Falta alguien? ¿Sobra alguien? ¿Qué autores entre los nuevos que van llegando conoces que nos puedas nombrar?

Nada me sobra. Yo vengo a sumar y nunca a restar. Y están los Biedma, los Tristante, Pedro de Paz. Incluso os vais a llevar una grata sorpresa con Fernando Cámara, el tercer fichaje de NGC que va a romper muy pronto. Hay mucha gente escribiendo cosas buenas por ahí. Creo que la literatura española actual goza de una salud excelente… Ahora ya solo necesitamos que el público te compre una novela porque te llames Pérez y no porque te llames Larson. Que con esto también hay mucha tontería. Gente como Pily B., apostando por los Pérez y los Gómez del mundo es, creo yo, heroica.

Mantienes con Juan Ramón Biedma un blog titulado El subcultural. ¿Qué tal se te da esto de los blogs? ¿Resultan un incentivo para los escritores? ¿Ayudan a hacer nuevos amigos? ¿De qué temas os ocupais en el blog?

Los blogs son una locura que haces con los amigos porque te entretienen, pasas el rato y encima obtienes algo de visibilidad, pero también terminan absorbiéndote y, si te lo tomas en serio, es mucho trabajo. El nuestro, en concreto, va de rollo tranquilo porque escribimos algo cuando nos apetece, pero hay personas que hacen un esfuerzo brutal con el blog que gestionan… Nosotros publicamos “Paciente Cero”, que es un relato por entregas que vamos escribiendo a dos manos y que trata de recuperar el rollo vetusto pero bonito de los folletines. También hacemos crítica literaria, de cine, algo de música, en fin nuestras cosillas… y publicitamos nuestros libros y los de los amigos, claro, qué menos. Pero todo ello en un plan muy distendido, sin agobios.

Y ahora sí, y ya para terminar, y sólo de momento, voy a pedirte que sumes aquí esa o esas tres o cuatro o cien preguntas que no te han hecho todavía y que quisieras contestar.

Vale, las escribo pero no las contesto para que me las hagas otro día (previo pago):

1.¿Por qué estás tan loco como para atreverte a escribir en un país en el que no se lee?
2.¿Tú qué querías ser de mayor?
3.¿Es verdad que cuando eras joven todo el mundo pensaba que no te ibas a comer un chicharro en la vida?

Y de momento, ya. Un abrazo.


Gracias Francis. Y enhorabuena por esta publicación.

jueves, 1 de julio de 2010

NOVELA NEGRA Y DE TERROR




Texto: Pilar Alberdi
Ilustración: Jalón
Enlace a la página del ilustradoraquí
También en Blogs que sigo.

Para Patricia Higsmith, el «suspense» dentro del género negro, se produce cuando hay peligro de que acontezca una acción violenta que puede llegar, incluso, a amenazar con producir la muerte. Su concepto de «suspense» incluye la sorpresa. Verdaderamente, en esto ha acertado la autora, porque la sorpresa de una acción o suceso inesperado es la base de todo trauma. Y lo imprevisto, si es algo que supone riesgo para la propia vida, provoca miedo y terror.
John Gardner pensaba que: «toda buena ficción (sea del tipo que sea) ya tiene algo de suspenso». Estoy de acuerdo. Cuando uno argumenta, pongamos por caso una historia, y el que escucha o lee tiene interés en ella y no conoce el final, ya hay suspenso.
A Alfred Hitchcock le encantaba hablar de la diferencia entre sorpresa y suspense. Al público no hay que dejarlo huérfano de la verdad, pensaba el cineasta. Si se trata de una bomba debemos saber dónde se oculta y quien puede morir. Si de un virus cuando se pueden contagiar las personas y cuáles son las consecuencias. Ese es el suspenso según Hitchcock. Primero la identificación con la(s) persona(s) que van a sufrir un acto o una circunstancia determinada, en ese momento se produce el suspense, la duda, el temor, sobre lo que les ocurrirá. En estos casos, el lector o espectador sabe tanto como el autor y algo más que los personajes y sufre con y por ellos. Desde luego que si uno lee un libro de terror ya sabe que algo sucederá en ese sentido y lo mismo si va a ver una película, pero si, además, se conoce la fuente de ese peligro (una bomba, un asesino, un ejército invasor, un virus letal, unos seres alienígenas, la lucha entre las grandes potencias...) tanto mejor. Para Hitchcock, lo que el autor debe hacer, es crear la emoción del miedo.
Truffaut define a Hichcock como un miedoso, Patricia Higsmith se refiere a ella misma como miedosa. ¿Es a fin de cuentas el escritor de obras de suspenso, terror, ciencia ficción alguien que busca enfrentarse a sus propios miedos? Yo reconozco que me cuesta soportar que un armario permanezca abierto de día e incluso de noche, aunque no me asusta la oscuridad y aunque sepa lo que hay dentro de ese armario. Para mí tranquilidad, es necesario que esté cerrado. ¿De dónde me viene este temor que, al parecer, se creó en la infancia, en circunstancias de las que yo misma no recuerdo nada? ¿Acaso fue después, en lo que vi en las imágenes de una película que tampoco puedo recordar? Sinceramente: no lo sé. De hecho, cada uno de nosotros ha sido educado en la precaución sobre los comportamientos que puedan tener los demás. Indicaciones como la de tener cuidado con los extraños, no aceptar nada que nos ofrezca un desconocido, no ir solo por sitios apartados... Y nosotros como padres, hemos hecho lo mismo. Y como cada prevención, incluye, el miedo a que pase algo malo, lo transmitimos directa o indirectamente.
Uno de mis libros preferidos sobre técnica de guión, y que forma parte de una querida lista de libros a los que cada cierto tiempo doy un repaso, es El guión —Sustancia, estructura, estilo y principios de la escritura de guiones— de Robert Makee . En una de sus páginas se encuentra una definición que me parece clave. Dice el autor que en una historia, lo verdaderamente importante, es la diferencia entre lo que anhelan o desean los personajes y los resultados que obtienen. ¿No es acaso así como sentimos las personas? ¿No calculamos así sobre los resultados de nuestros actos o nuestra vida?
Observando estos principios y releyendo hace un tiempo la novela Las Ruinas de Scott Smith, autor también de Un plan sencillo, algunos de ustedes quizá hayan visto la película, podemos percibir cómo el escritor, refiere constantemente, lo que fue el deseo del grupo y de cada individuo (pasar unos días de vacaciones, conocer gente, enamorarse, vivir aventuras) con relación a los hechos que están ocurriendo (acudir a un sitio inhóspito, sufrir accidentes, incluso la muerte...). Es decir, el autor habla de forma explícita de lo que sienten como inesperado los protagonistas, frente a lo que fueron sus anhelos y sentimientos con respecto a ese viaje.
Nuestra vida se mueve entre dos polos. Sigmund Freud los denominó, como Principio de placer y Principio de realidad. Otros pensadores habían identificado el tema previamente con referencia a los deseos que tienen las personas y la necesidad de controlarlos por una autoridad. Pero veamos lo que dice Freud con posterioridad. Por el Principio de placer, al que también se identifica con el principio de vida, somos el niño que todo lo desea y no repara en consecuencias. De hecho, hacernos conscientes de ellas, nos hace adultos. Por el Principio de placer, esperamos que nuestros deseos se cumplan. Llegamos a creerlos posibles. Pero el Principio de realidad (al que se identifica con el de muerte), nos recuerda los obstáculos, las limitaciones, los derechos de los demás frente a los nuestros, y nos va haciendo, sino totalmente, un poco más tolerantes a la frustración con cada nueva imposibilidad de conseguir nuestros deseos.
Nuestros personajes, cuando escribimos, también piensan que podrán recorrer una calle oscura sin peligro, conseguir un ascenso o el amor de una mujer o un hombre. Luchan para obtener sus objetivos (sus deseos o principio del placer) ya sea exigiendo justicia, preparando una venganza, y se encuentran con las consecuencias (resultados o principio de realidad, que los llevarán o no, a cumplir sus expectativas), por ejemplo, un juez corrupto, la presencia de la policía, una traición.
Tanto Hitchcock como Salinger, sabían que el 80 % del contenido de un mensaje, no está en las palabras sino en otros indicadores como el tono, la postura, la actitud, etc. Este 80% lo captamos con el hemisferio derecho de nuestro cerebro. El 20% que son las palabras lo razonamos en el hemisferio izquierdo. ¿Tenemos en cuenta estos datos cuando escribimos? Si con el paso del tiempo hemos conseguido que los dos hemisferios trabajan formando un buen conjunto, podremos sentirnos más seguros. No en vano desde hace bastante tiempo, la inteligencia también se mide por un componente, al que antes no se prestaba atención, y que es el Coeficiente Emocional. En suma, Hitchcock era muy consciente del valor de ese 80%. basado en las intenciones, las actitudes y los gestos. Tanto, que llegó a decir que lo que dicen las personas es sólo «ruido», y que el contenido de los mensajes está en lo que dicen los ojos.
En esa interesante conversación que mantuvo con Truffaut, afirma que a medida que pasa el tiempo, la sociedad en general, disimula mejor sus sentimientos bajo las máscaras de sus rostros. Sostenía que hemos aprendido a que nuestras facciones permanezcan estáticas, que somos capaces de disimular las emociones, y para comprobar la diferencia con épocas anteriores recomendaba que viésemos películas, por ejemplo, de la primera mitad del siglo XX. Evidentemente, Hithcock es la antítesis de Wody Allen.
Siempre me asombra cuánto saben los demás. Es decir, los que ya han hecho un recorrido en su arte, los que han aprendido de otros y los que conocen por su propio trabajo la tarea que tienen entre manos. Quizá, por esa misma razón, me molestan las divisiones de conocimiento. ¿Por qué quedarse sin leer técnica de guión o de teatro aunque uno se dedique al relato o a la novela cuando el público lector está tan acostumbrado a ver películas? ¿Por qué ese afán de desestimar los diálogos que mantienen algunos cuando se trata de escribir una novela? Pregunto: ¿lo que Hitchock dice sobre cómo acentuar la intensidad de unas escenas dividiéndolas, no valdrá igualmente para el cine que para la novela e incluso para el relato aunque sea breve? ¿Y lo que dice sobre la utilización de tipos de planos largos, medios o cortos para causar más o menos dramatismo, no valdrá igualmente para la prosa y la forma de presentar unos hechos? Sigo con las preguntas... Ya ven, hoy es un día de preguntas... ¿Por qué, como afirma el director de teatro David Mamet, los autores se cansan, se detienen en la escritura de su propia obra justo cuando ya la tienen definida, es decir en el segundo acto, precisamente cuando ya están mejor posicionados que antes para acabarla? O ¿por qué —se pregunta este director— casi todas las confesiones de los personajes, cuando se trata de un tema importante, por ejemplo un secreto, se producen cuando se ha llegado al 70% de la duración de la obra? ¿De qué sirve el famoso Mac Gouffin? ¿Realmente tiene tanta importancia, o podemos ir pasando de un Mac Gouffin a otro, sólo para continuar arrastrando al lector en la lectura o en la pantalla como pensaba Hitchcok? ¿Qué hacemos? ¿Damos importancia al párrafo como piensan algunos o al capítulo como opinan otros? ¿Cómo rompemos la anticipación de futuros hechos que el lector pueda estar suponiendo sin por ello faltar a la verisimilitud y sin engañar al lector? ¿Es importante variar el ritmo de las frases y su duración? ¿Por qué el aumento de detalles sensoriales aumenta la calidad de la percepción? ¿Qué significa que un texto tenga un «significado emocional pleno» y ésto sólo ocurre cuando consideramos que es una obra que nos ha llenado, nos ha colmado, aunque acabe mal o como no esperábamos? ¿Por qué para unos críticos es tan importante el punto de vista desde el que se muestra la historia y para otros no? De hecho los escritores de antes mezclaban la primera persona con la tercera sin ningún problema. ¿Nos emociona de igual manera un argumento que el autor conoce desde el inicio de su obra, de aquel otro que se ha ido elaborando y reelaborando bajo el efecto de la sorpresa del propio autor?¿Y todo ésto, digo yo, no tendrá también que ver con el suspense? Por supuesto que sí. El suspense también está en la técnica, y sobre todo en crear la emoción.
A veces se oye decir que un texto tiene demasiada descripciones, pero es con ellas con las que podemos dar vida a los personajes. No basta decir que un personaje se mira al espejo, no; pero si añadimos lo que está sintiendo cuando se mira al espejo diremos algo de la persona...
Estos días he tenido la oportunidad de leer un librito pequeño de la profesora Miriam Rodríguez. El libro se titula Cuadernos de lengua española. Dice: «La creación de los personajes requiere una habilidad extrema del narrador, pues es necesario presentarlos como seres vivos, capaces de sentir y de hacer sentir, es decir, hay que darles contenido humano».
Además, es con nuestra personalidad con lo que escribimos. Y esta personalidad también está hecha de nuestro temperamento, lecturas, anécdotas, edad, comprensión, y un largo, demasiado largo, etcétera. Pero por si esto no fuera suficiente problema, está el lector, co-partícipe de la obra a través de la lectura y él también aporta sus propio carácter, conocimientos, lecturas, forma de ser. Chejov decía que él no daba demasiados detalles porque siempre contaba con la subjetividad del lector. Y cada uno de sus lectores aportaría algo al cuento, diferente de la intención del autor y de las interpretaciones de otros lectores.
Y ya para terminar, creo, sinceramente, que es una de las primeras cosas importantes que se debería explicar a los jóvenes escritores. Conócete a ti mismo... Habría que empezar por ahí. Mira en tus emociones. Y tal vez, conocerás la materia de la que está hecho el suspense.

Por referencias:
Hithchcock. Entrevista de Francois Turffaut. Colección Cine y comunicación. Alianza Editorial, Madrid, España, 2007.
Álvarez, Miriam. Cuadernos de lengua española. Tipos de escrito I: Narración y descripción. Arco/libros, S.L., Madrid, España, 2000.

Nota: mi agradecimiento a Jalón por el aporte de su ilustración titulada El cuervo y la Zorra.